Salmos 69
1 Para el fin: salmo de David, en memoria de haberle el Señor salvado.
2 Oh Dios, atiende a mi socorro: acude, Señor, luego a ayudarme.
3 Corridos y avergonzados queden los que me persiguen de muerte.
4 Arrédrense y confúndanse los que se complacen en mis males. Sean puestos en vergonzosa fuga aquellos que me dicen insultándome: Bueno, bueno.
5 Regocíjense y alégrense en ti todos los que te buscan: y digan sin cesar los que aman a su salvador: Engrandecido sea el Señor.
6 Yo por mí soy un menesteroso y pobre: ayúdame, oh Dios. Amparo mío y mi libertador eres tú: oh Señor, no te tardes.
De qué trata este capítulo
Brevísima súplica de David (salmo 70 en la numeración hebrea) que repite casi palabra por palabra el final del salmo 39 del sitio. Su primer versículo, la petición urgente a Dios de que venga en auxilio y se apresure a socorrer (versículo 2), es la invocación con la que comienzan todas las horas de la Liturgia de las Horas excepto el Invitatorio.
El orante pide que se avergüencen quienes buscan su vida y se burlan de él con un «¡bien, bien!» (versículos 3 y 4), y que, en cambio, se alegren los que buscan a Dios y repitan siempre que Él es grande (versículo 5). Termina reconociéndose pobre y necesitado, y suplicando al Señor, su auxilio y libertador, que no tarde (versículo 6).