Salmos 27

1 Salmo del mismo David.

2 A ti, Señor, clamaré: no te hagas sordo a mis ruegos, Dios mío: no sea que no haciendo tú caso de mí, llegue yo a contarme con los que bajan al sepulcro.

3 Escucha, oh Señor, la voz de mi humilde súplica cuando estoy orando a ti: cuando extiendo en alto mis manos hacia tu santo templo.

4 No me arrebates de esta vida con los pecadores, ni me pierdas como a los que obran la iniquidad; los cuales hablan de paz con su prójimo, mientras que están maquinando la maldad en sus corazones.

5 Dales a éstos el pago conforme a sus fechorías; y según la malignidad de sus maquinaciones.

6 Retribuyeles según las obras de sus manos: dales a los tales su merecido. SALMOS

7 Por cuanto no han considerado las obras del Señor, ni lo que ha ejecutado su poderosa mano; tú, Dios mío, los destruirás, y no les restablecerás nunca:

8 Bendito sea el Señor, pues ha oído la voz de mi humilde ruego.

9 El Señor es el que me auxilia y protege: en él esperó mi corazón, y fui socorrido. Y resucitó mi carne; y así le alabaré con todo mi afecto.

10 El Señor es la fortaleza de su pueblo: Él es el que en tantos lances ha salvado a su ungido.

11 Salva, oh Señor, a tu pueblo, y llena de bendiciones a tu heredad: rígelos tú, y ensálzalos por toda la eternidad.