Salmos 22

1 Salmo de David.

2 El Señor me pastorea, nada me faltará.

3 Él me ha colocado en lugar de pastos: me ha conducido junto a unas aguas que restauran y recrean.

4 Convirtió a mi alma. Me ha conducido por los senderos de la justicia, para gloria de su nombre.

5 De esta suerte, aunque caminase yo por medio de la sombra de la muerte, no temeré ningún desastre; porque tú estás conmigo. Tu vara y tu báculo han sido mi consuelo.

6 Aparejaste delante de mí una mesa abundante, a la vista de mis perseguidores. Bañaste de óleo o perfumaste mi cabeza. ¡Y cuan excelente es el cáliz mío, qué santamente embriaga!

7 Y me seguirá tu misericordia todos los días de mi vida: a fin de que yo more en la casa del Señor por largo tiempo.

De qué trata este capítulo

Quizá el salmo más rezado de todos (el 23 en la numeración hebrea). Comienza con la confesión «El Señor es mi pastor, nada me falta» (versículo 2). El pastor conduce a su oveja a buenos pastos y aguas tranquilas, repara sus fuerzas y la guía por el camino recto (versículos 3 y 4).

En el versículo 5 el orante afirma que, aunque camine por cañadas oscuras, no teme, porque el cayado del pastor lo protege. En el 6 aparece un anfitrión que prepara la mesa ante los enemigos y unge la cabeza, y el 7 expresa el deseo de habitar en la casa del Señor. Jesús se presenta como el buen pastor en Juan 10, y este salmo se reza en los funerales.

Este capítulo en la misa

Pasajes de este capítulo se proclaman en 14 celebraciones del año litúrgico: