Salmos 130
1 Cántico gradual de David.
2 Oh Señor, no se ha engreído mi corazón, ni mis ojos se han mostrado altivos. No he aspirado a cosas grandes, ni a cosas elevadas sobre mi capacidad.
3 Si yo no he sentido bajamente de mí, sino que, al contrario, se ha ensoberbecido mi ánimo; como el niño recién destetado está penando en los brazos de su madre, tal sea la pena dentro de mi corazón
4 Espere Israel en el Señor, desde ahora y por siempre jamás.
De qué trata este capítulo
Uno de los salmos más breves y tiernos del salterio (131 en la numeración hebrea), atribuido a David. El orante declara ante el Señor que su corazón no es ambicioso ni sus ojos altaneros, y que no pretende grandezas que superen su capacidad (versículo 2).
En el versículo 3, la imagen es la de un niño recién destetado en brazos de su madre: así está su alma, acallada y en paz, aunque la traducción de Torres Amat, siguiendo a la Vulgata, lo entiende como una especie de juramento de humildad. El salmo termina extendiendo esa actitud a todo el pueblo: que Israel espere en el Señor desde ahora y para siempre (versículo 4). Se ha leído a menudo como modelo de la infancia espiritual que propone el Evangelio.
Este capítulo en la misa
Pasajes de este capítulo se proclaman en 2 celebraciones del año litúrgico:
- 31.º Domingo del Tiempo Ordinario · Ciclo A · Salmo responsorial (131(130),1.2.3)
- Martes de la 31.ª semana del Tiempo Ordinario · Salmo responsorial (131(130),1.2.3)