Salmos 13

1 Para el fin: salmo de David.

2 Dijo en su corazón el insensato: No hay Dios. Los hombres se han corrompido por seguir sus pasiones; no hay quien obre bien, no hay uno siquiera.

3 El Señor echó desde el cielo una mirada so

4 bre los hijos de los hombres, para ver si había uno que tuviese juicio, o que buscase a Dios.

5 Todos se han extraviado, todos a una se hicieron inútiles; no hay quien obre bien, no hay siquiera uno. Su garganta es un sepulcro destapado: con sus lenguas están forjando fraudes; debajo de sus labios hay veneno de áspides.

6 Llena está su boca de maldición y de amargura; sus pies son ligeros para ir a derramar sangre. Todos sus procederes se dirigen a afligir y oprimir al prójimo; nunca conocieron el sendero de la paz; no hay temor de Dios ante sus ojos.

7 ¿Por ventura no entrarán en conocimiento todos esos que hacen profesión de la iniquidad; esos que devoran a mi pueblo, como un bocado de pan?

8 No han invocado al Señor; y allí tiemblan de miedo donde no hay motivo de temer.

9 Porque está el Señor en medio del linaje de

10 los justos; vosotros, ¡oh impíos!, ridiculizáis la determinación del desvalido, cuando pone en el Señor su esperanza.

11 ¡Oh, quién enviará de Sión la salud o el Salvador de Israel! Cuando el Señor pusiere fin a la cautividad de su pueblo, saltará de gozo Jacob y se regocijará Israel.