Salmos 11

1 Para el fin: para la octava: salmo de David.

2 Sálvame, Señor; porque ya no se halla un hombre de bien sobre la tierra; porque las verdades no se aprecian ya entre los hijos de los hombres.

3 Cada uno de ellos no habla sino con mentira a su prójimo: habla con labios engañosos, y con un corazón doble.

4 Acabe el Señor con todo labio tramposo y con la lengua jactanciosa.

5 Ellos han dicho: Nosotros con nuestra lengua, o artificiosas palabras, haremos cosas grandes: somos dueños de nuestros labios: ¿quién nos manda a nosotros?

6 Pero el Señor, mirando a la miseria de los desvalidos y al gemido de los pobres, dice: Ahora me levantaré yo y los pondré en salvo; yo les inspiraré confianza.

7 Palabras puras y sinceras son las palabras del Señor; son plata ensayada al fuego, acendrada en el crisol y siete veces refinada.

8 ¡Oh Señor!, tú nos salvarás y nos defenderás siempre de esta raza de gentes.

9 Los impíos andan alrededor de nosotros: Tú, según tu grandeza, has multiplicado los hijos de los hombres.

De qué trata este capítulo

Lamento por la falta de lealtad en la sociedad (es el salmo 12 en la numeración hebrea). El salmista pide ayuda porque ya no quedan personas fieles y todos se hablan con mentira, labios aduladores y doble corazón (versículos 2 y 3). Algunos incluso presumen de que su lengua los hace poderosos (versículo 5).

En el versículo 6 responde Dios mismo: por la opresión de los humildes y el gemido de los pobres, se levantará para ponerlos a salvo. El versículo 7 contrapone las palabras humanas con las del Señor, puras como plata refinada siete veces en el crisol. El salmo termina pidiendo que Dios proteja a los suyos de esa generación (versículos 8 y 9).