Santa Verzeri
Santa

Santa Verzeri

Se celebra el 3 de marzo

Santa Teresa Eustochio Verzeri

Teresa Verzeri nació en Bérgamo de Lombardía, el 31 de  julio de 1801. Era una de las hijas de Antonio  Verzeri y de su esposa Elena, perteneciente a la familia  de los condes de Pedroça-Grumelli. Los Verzeri profesaban gran devoción  a San Jerónimo. Uno de sus hijos, que fue más  tarde obispo de Frescia, se llamaba Jerónimo y Teresa tenía  como segundo nombre Eustoquio, en recuerdo de la hija de  Santa Paula. Como es bien sabido, estas dos santas habían  sido muy amigas de San Jerónimo y habían ejercido, por  turno, el superiorato del convento de mujeres que éste había  fundado en Jerusalén. En el caso de Teresa, el nombre  Eustoquio resultó profético.



Se cuenta que Teresa decidió  hacerse religiosa a los diez años de edad, el día  de su primera comunión. Tales inspiraciones no son raras a  esa edad, pero la firme resolución de Teresa no hizo  más que crecer hasta el día de su confirmación. En  esto le ayudó mucho al canónigo José Bengalio, de la  catedral de Bérgamo. Es difícil determinar si el canónigo tenía  ideas claras sobre Teresa o si estaba tratando de probar  su vocación, pues tres veces la hizo entrar y volver  a salir del convento de las benedictinas de Santa Grata.  La obediencia ciega de Teresa al canónigo le valió no  pocas críticas y burlas, pero la beata las soportó con  paciencia y alegría. Fue sin duda una época de rudo  aprendizaje.



Después de haber salido por tercera vez  del convento, Teresa se consagró enteramente a la instrucción religiosa  de las niñas en una pequeña casa llamada Gromo, que  pronto se convirtió en la semilla de la nueva congregación  religiosa que había de fundar. Antonia, su hermana y otras  dos jóvenes, llamadas Virginia Simoni y Catalina Manghenoni, se le  unieron al poco tiempo. Las cuatro hicieron la profesión de  votos simples ante el canónigo Benaglio, quien las destinó a  la enseñanza de la juventud. La vida de la nueva  comunidad era muy austera, con largos períodos de silencio y  ayuno. Teresa tuvo que hacer frente a muchas dificultades espirituales,  dudas y tentaciones. La congregación empezó pronto a crecer, pues  ingresaron en ella numerosas jóvenes de buena familia, entre las  que se contaban tres hermanas de Teresa, llamadas María, Judit  y Catalina, además de su propia madre que había quedado  viuda.

El canónigo Benaglio se encargaba de la dirección espiritual  de la comunidad y ayudó a redactar las reglas y  constituciones que comprendían diferentes obras de caridad: escuelas para los  niños pobres, visitas a las mujeres enfermas, centros religiosos y  de recreación para las jóvenes que se hallaban en peligro  y sobre todo, retiros para mujeres, según el espíritu de  San Ignacio de Loyola.

El obispo de Bérgamo,  Mons. Carlos Gritti-Morlacchi, favoreció al principio a la nueva congregación,  pero después se dedicó a obstaculizar su crecimiento. Mayor prueba  fue para Teresa su propia indecisión y humildad. ¿La llamaba  Dios realmente a fundar una nueva congregación, dado que ya  existían otros institutos similares, como el del Sagrado Corazón, fundado  por Santa Magdalena Sofía Barat? Teresa fue a Turín, donde  la madre Barat había empezado a organizar, desde 1832, los  retiros para mujeres y se sintió muy inclinada a unir  su congregación con la de la santa. Pero pronto comprendió  que la voluntad de Dios era diferente, pues había campo  más que suficiente para las dos congregaciones, por similares que  fuesen. Así pues, la beata tuvo que superar ésta y  otras dificultades y soportar con paciencia numerosas desilusiones, antes de  conseguir que se estableciera sólidamente su instituto. Finalmente, en 1841,  Teresa y sus compañeras pudieron hacer la profesión solemne en  manos del mismo prefecto de la congregación de obispos y  religiosos, el cardenal Constantino Patrizi. Unos cuantos días más tarde,  fue publicado el decreto aprobatorio de la Santa Sede y  la congregación fue definitivamente confirmada en 1847. Con esta ocasión,  se autorizó a la fundadora a abrir una casa en  Roma.

Entre los que ayudaron a Teresa Verzeri  en las dificultades, se contaba el Beato Luis Pavoni, de  Brescia, quien se encargó de imprimir las constituciones de la  nueva congregación, en un momento en que esto significaba exponerse  a muchas molestias; pero el beato hizo caso omiso de  las murmuraciones y hablillas. Además, intercedió ante Mons. Speranza para  que apoyase en Roma la causa de las Hijas del  Sagrado Corazón. Cuando Teresa compró un antiguo monasterio en Brescia,  el Beato Luis proyectó los cambios que era necesario hacer  al edificio y se encargó de vigilar personalmente la obra.

 

Para ayudar a Teresa, hizo varios viajes a Bérgamo y  a Trento, y se comprometió a asegurar la misa diaria  en la casa madre. Nada era demasiado difícil para el  Beato Luis, cuando se trataba de ayudar a las religiosas.  La gran estima mutua que se profesaban el Beato Luis  y la Beata Teresa ha continuado entre sus congregaciones respectivas,  en el siglo que ha transcurrido desde su muerte.
La beata vivió todavía cuatro años después de la  fundación de la casa de Roma. Durante ellos creció en  gracia y santidad y su congregación con ella. El cólera  que azotó el norte de Italia, arrebató a la beata  el 3 de marzo de 1852. La multitud que asistió  a sus funerales fue el mejor testimonio de la reputación  de santidad de que gozaba y que no ha hecho  sino aumentar con el tiempo.

Teresa fue beatificada en 1946  por Pío XII y canonizada el 10 de Junio de  2001 por Juan Pablo II.

Fuente de la biografía: Evangelizo.org.

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