Santa Tarsila fue una virgen romana del siglo VI, tía paterna del papa san Gregorio Magno. Su hermano Gordiano, padre de Gregorio, pertenecía a una familia noble de Roma de honda tradición cristiana; entre sus antepasados se contaba el papa Félix III. Tarsila y sus hermanas Emiliana y Gordiana decidieron consagrarse a Dios sin salir de su casa, situada en el monte Celio, junto al Clivus Scauri, y organizaron allí una vida retirada de oración y penitencia, como en un pequeño monasterio.
Tarsila y Emiliana perseveraron con gran fervor en ese propósito, mientras que Gordiana acabó por abandonarlo y se casó. El propio Gregorio, que conoció de cerca a sus tías, dejó constancia de la vida austera y de la oración constante de Tarsila. Según su relato, ella tuvo poco antes de morir una visión de su antepasado el papa Félix, que la invitaba a la gloria, y murió en vísperas de la Navidad pronunciando el nombre de Jesús. Se cuenta también que, al prepararla para la sepultura, se vio que sus rodillas y codos estaban encallecidos por las largas horas de oración.
Emiliana murió pocos días después, a comienzos de enero. La Iglesia recuerda a Tarsila el 24 de diciembre y a su hermana el 5 de enero, como ejemplo de vida consagrada en el seno de la familia.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.