San Tarsicio de Roma
Santo

San Tarsicio de Roma

Se celebra el 15 de agosto

San Tarsicio, mártir

fecha: 15 de agosto
†: c. 257 - país: Italia
otras formas del nombre: Tarcisio
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Roma, en el cementerio de Calixto, en la vía Apia, conmemoración de san Tarsicio, mártir, que al defender la Santísima Eucaristía de Cristo de una furiosa turba de gentiles que intentaban profanarla, prefirió ser apedreado hasta la muerte antes que entregar las sagradas formas a los perros.

«san Tarsicio, mártir, al defender la Santísima Eucaristía de Cristo de una furiosa turba de gentiles que intentaban profanarla, prefirió ser apedreado hasta la muerte antes que entregar las sagradas formas a los perros.» Esta redacción del «elogio» del Martirologio Romano expresa muy bien la forma que tomó posteriormente la historia de san Tarsicío, «el mártir de la Eucaristía», en un poema del papa san Dámaso (siglo IV). El Pontífice cuenta que Tarsicio prefirió una muerte violenta en manos de una turba, antes que «entregar el Cuerpo del Señor a aquellos perros rabiosos» («Tarcisium sanctum Christi sacramenta gerentem, cum male sana manos peteret vulgare profanis; ipse animam potius voluit dimittere caesus prodere quam canibus rabidis caelestia membra.»), y le compara con san Esteban, que murió apedreado por los judíos. El hecho del martirio de san Tarsicio es histórico, pero no consta que fuese realmente un acólito todavía niño. Si se tiene en cuenta que san Dámaso le compara con el diácono san Esteban, se puede conjeturar que era más bien un diácono, ya que éstos tenían por oficio administrar el Santísimo Sacramento en ciertas circunstancias y transportarlo de un sitio a otro. Así, por ejemplo, los diáconos trasladaban una parte de la hostia consagrada por el Papa a las principales iglesias de Roma, como símbolo de la unidad del santo sacrificio y de la unión de los obispos con los fieles. Pero en aquella época, lo mismo que en la actual, se podía confiar el Santísimo Sacramento a cualquier cristiano -clérigo o laico, joven o viejo, hombre o mujer- en caso de necesidad. La tradición afirma que Tarsicio era un acólito de tierna edad, a quien se confió la misión de llevar la comunión a algunos cristianos que estaban prisioneros, en la época de la persecución de Valeriano. El santo fue sepultado en el cementerio de San Calixto. Nunca se ha llegado a identificar su sepultura; sin embargo, la iglesia de san Silvestre in Capite pretende poseer sus reliquias.

 

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI   .............................  

Valeriano era un emperador duro y sanguinario. Se había convencido de que los cristianos eran los enemigos del Imperio y había que acabar con ellos.

Los cristianos para poder celebrar sus cultos se veían obligados a esconderse en las catacumbas o cementerios romanos. Era frecuente la trágica escena de que mientras estaban celebrando los cultos llegaban los soldados, los cogían de improviso, y, allí mismo, sin más juicios, los decapitaban o les infligían otros martirios.

Todos confesaban la fe en nuestro Señor Jesucristo. El pequeño Tarsicio había presenciado la ejecución del mismo Papa mientras celebraba la Eucaristía en una de estas catacumbas.

La imagen macabra quedó grabada fuertemente en su alma de niño y se decidió a seguir la suerte de los mayores cuando le tocase la hora, que "ojalá —decía él— fuera ahora mismo".

Un día estaban celebrando la Eucaristía en las Catacumbas de San Calixto. El Papa Sixto recuerda a los otros encarcelados que no tienen sacerdote y que por lo mismo no pueden fortalecer su espíritu para la lucha que se avecina, si no reciben el Cuerpo del Señor. Pero ¿quién será esa alma generosa que se ofrezca para llevarles el Cuerpo del Señor?

Son montones las manos que se levantan de ancianos venerables, jóvenes fornidos y también manitas de niños angelicales. Todos están dispuestos a morir por Jesucristo y por sus hermanos.

Uno de estos tiernos niños es Tarsicio. Ante tanta inocencia y ternura exclama, lleno de emoción, el anciano Sixto: "¿Tú también, hijo mío?" —"¿Y por qué no, Padre? Nadie sospechará de mis pocos años".

Ante tan intrépida fe, el anciano Obispo toma con mano temblorosa las Sagradas Formas y en un relicario las coloca con gran devoción a la vez que las entrega al pequeño Tarsicio, de apenas once años, con esta recomendación: "Cuídalas bien, hijo mío". —"Descuide, Padre, que antes pasarán por mi cadáver que nadie ose tocarlas".

Los paganos le encontraron cuando transportaba el sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo y le preguntaron que llevaba. Tarsicio se negó a responder; pero ellos sospechando que llevaba algún odiado “misterio” de los cristianos, le apedrearon y apalearon hasta que exhaló el último suspiro, pero no pudieron encontrar el sacramento de Cristo ni en sus manos, ni en sus vestidos.

Pasó Tarsicio a la casa del Padre celestial en el año 258. Los cristianos católicos recogieron el cuerpo del niño mártir y le dieron honrosa sepultura en el cementerio de San Calixto.

En un poema, el Papa san Dámaso (siglo IV) cuenta que Tarsicio prefirió una muerte violenta en manos de una turba, antes que "entregar el Cuerpo del Señor". Lo compara con san Esteban, que murió apedreado por su testimonio de Cristo.

San Tarsicio es patrono de los jóvenes adoradores y de los acólitos o monaguillos que ayudan a los presbíteros en el Altar.

 

Oración

Oremos

San Tarsicio, mártir de la Eucaristía, pídele a Dios que todos y en todas partes demostremos un inmenso amor y un infinito respeto al Santísimo Sacramento donde está nuestro amigo Jesús, con Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma y Su Divinidad.

Fuente de la biografía: Evangelizo.org.

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