Simplicio fue obispo de Autun, ciudad de la Galia Lugdunense, en la actual Borgoña, a finales del siglo IV. Los datos ciertos sobre él son muy escasos: se sabe que gobernó esa Iglesia en una época en que buena parte de la población seguía siendo pagana, y que fue recordado como un pastor íntegro y caritativo. Probablemente sucedió al obispo Egemonio hacia el año 390.
Su figura es conocida sobre todo por lo que contó, dos siglos más tarde, san Gregorio de Tours. Según esa tradición, Simplicio pertenecía a una familia galorromana noble y estaba casado, pero él y su esposa habían acordado vivir en continencia. Cuando fue elegido obispo siguieron compartiendo la casa, lo que provocó murmuraciones; para demostrar su inocencia ambos habrían sostenido brasas encendidas en sus vestidos sin quemarse, hecho que, siempre según el relato, movió a muchos paganos a pedir el bautismo. La misma tradición le atribuye haber frenado una procesión en honor de la diosa Berecintia, muy venerada en la región.
Estas narraciones reflejan el esfuerzo de los primeros obispos de la Galia por cristianizar unas ciudades donde los cultos antiguos seguían muy presentes. Simplicio es venerado en Autun y el Martirologio Romano lo recuerda el 24 de junio.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.