
Simplicio fue obispo de Autun, en la Borgoña, en la segunda mitad del siglo IV. Los datos ciertos sobre él son muy pocos: se sabe que ocupó esa sede y que fue recordado por su integridad y su caridad. Algunos autores lo identifican con un obispo de igual nombre que firmó los decretos del concilio de Sárdica a mediados de ese siglo, pero la identificación no es segura.
Su memoria nos ha llegado sobre todo a través de san Gregorio de Tours, que escribió en el siglo VI. Según este relato, Simplicio pertenecía a una familia galorromana noble y estaba casado, pero él y su esposa habían acordado vivir en continencia dedicados a las buenas obras. Al ser elegido obispo siguió viviendo bajo el mismo techo que ella, lo que provocó murmuraciones. La tradición cuenta que ambos demostraron su inocencia sosteniendo brasas encendidas sin sufrir daño, y que el prodigio llevó a muchos paganos de la ciudad a convertirse. Gregorio de Tours narra también que el obispo se enfrentó a una procesión en honor de la diosa Cibeles, que todavía se celebraba en Autun.
Más allá de estas tradiciones, su figura es representativa de los obispos que consolidaron el cristianismo en las ciudades de la Galia a finales de la Antigüedad. Su culto se mantiene en la diócesis de Autun.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.