Saturnino fue un presbítero de Abitinia, pequeña ciudad de la provincia romana de África, en el actual territorio de Túnez, que murió mártir en el año 304 junto con cuarenta y ocho fieles de su comunidad. Durante la persecución de Diocleciano un edicto prohibía a los cristianos reunirse y les obligaba a entregar los libros sagrados. Pese a ello, un domingo la comunidad se reunió para celebrar la Eucaristía en casa de uno de sus miembros, el lector Emérito.
Fueron sorprendidos por los magistrados y conducidos a Cartago ante el procónsul Anulino. Entre los detenidos estaban el propio Saturnino con cuatro de sus hijos, varios lectores, mujeres y niños. Sometidos a interrogatorio y a tortura, se mantuvieron firmes. Según las actas de su martirio, Emérito justificó haber acogido la asamblea diciendo que no podían vivir sin celebrar el domingo, frase que se ha convertido en un testimonio clásico del valor de la Eucaristía dominical. Murieron en la cárcel o ejecutados en distintos momentos.
Su memoria fue muy apreciada en la Iglesia africana y ha sido recordada en tiempos recientes por papas como Juan Pablo II y Benedicto XVI al hablar del sentido cristiano del domingo. Se celebra el 12 de febrero.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.