Rigoberto fue arzobispo de Reims a finales del siglo VII y comienzos del VIII, en la época en que el reino de los francos estaba dividido y las grandes familias luchaban por el poder. Sucedió en la sede a san Reolo hacia el año 690 y la gobernó durante unos treinta años, ocupándose de la vida del clero y de la administración de los bienes de la Iglesia.
En las guerras entre Austrasia y Neustria, Rigoberto se negó a apoyar a Carlos Martel, mayordomo de palacio de Austrasia, que buscaba hacerse con el control del reino. Cuando Carlos se impuso tras su victoria en Vinchy en el año 717, expulsó al obispo de su sede, en contra de las normas de la Iglesia, y entregó Reims a uno de sus partidarios, Milón, que acumuló varios obispados sin ejercer realmente como pastor.
Rigoberto pasó un tiempo en el exilio y, al regresar, no recuperó su sede. Se retiró a una propiedad en Gernicourt, cerca de Reims, donde vivió con sencillez y humildad, dedicado a la oración, hasta su muerte hacia el año 743. Fue sepultado allí y más tarde sus restos fueron trasladados a Reims. Su memoria se celebra el 4 de enero y se le recuerda como un pastor que sufrió injusticia por mantenerse independiente del poder político.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.