San Queremón fue obispo de Nilópolis, una ciudad del Egipto romano, a mediados del siglo III. Su memoria se conoce por una carta de san Dionisio, obispo de Alejandría, dirigida a Fabio de Antioquía y conservada por el historiador Eusebio de Cesarea, en la que se describen los sufrimientos de los cristianos egipcios durante la persecución del emperador Decio, hacia el año 250.
Decio exigió a todos los habitantes del Imperio que ofrecieran sacrificios a los dioses y obtuvieran un certificado que lo acreditara. Muchos cristianos huyeron para no tener que hacerlo. Según la carta de Dionisio, Queremón, que era ya de edad muy avanzada, huyó con su esposa hacia la montaña de Arabia, al este del Nilo, y nunca volvieron a ser vistos; los hermanos que los buscaron no hallaron ni siquiera sus cuerpos.
El Martirologio Romano lo recuerda junto con una multitud de cristianos que en aquella persecución perdieron la vida en el desierto y las montañas, por el hambre, la sed, el frío, la enfermedad, las fieras o los salteadores. La Iglesia los honra como mártires porque murieron a causa de su fidelidad a la fe. Su memoria se celebra el 22 de diciembre.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.