Polieucto fue un oficial del ejército romano destinado en Melitene, la actual Malatya, en el este de Turquía, una ciudad que albergaba una importante guarnición y que dio a la Iglesia muchos mártires. Murió hacia mediados del siglo III, durante una de las persecuciones decretadas por los emperadores, probablemente la de Decio o la de Valeriano, que obligaban a todos los ciudadanos a ofrecer sacrificios a los dioses.
Según su relato martirial, era todavía pagano cuando su amigo Nearco, cristiano, lo condujo a la fe. Al conocerse el edicto de persecución, Polieucto se declaró cristiano públicamente y, según la tradición, rompió las imágenes de los dioses que iban a ser llevadas en procesión. Fue detenido y torturado; su esposa Paulina, sus hijos y su suegro, que era magistrado, le suplicaron que cediera, pero él se mantuvo firme. Fue decapitado sin haber recibido el bautismo, por lo que la Iglesia lo considera bautizado con su propia sangre.
Su culto se extendió muy pronto por todo Oriente. En el siglo VI la princesa Anicia Juliana le dedicó en Constantinopla una gran iglesia, cuyos restos se descubrieron en el siglo XX. En la Edad Media se le invocaba al sellar juramentos y pactos. Su historia inspiró además la tragedia «Polyeucte» del dramaturgo francés Pierre Corneille, estrenada en 1642. Se le recuerda el 7 de enero en Occidente y el 9 de enero en las Iglesias orientales.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.