San Julián es un mártir de los primeros siglos venerado en Sora, en la región italiana del Lacio, de la que es patrono. Lo que se cuenta de él procede de relatos tardíos, por lo que los detalles deben tomarse con cautela. Según la tradición, era un joven originario de Dalmacia, en la costa oriental del Adriático, que fue reconocido como cristiano en Italia en tiempos de los emperadores Antonino, en el siglo II.
La leyenda cuenta que fue llevado ante el gobernador de la región y sometido a diversos tormentos para obligarle a sacrificar a los dioses. Mientras era torturado se derrumbó un templo pagano dedicado a Serapis y su estatua quedó hecha pedazos; acusado entonces de magia, fue decapitado. Existen dos versiones de esta historia, una vinculada a Sora y otra a la cercana Atina, que difieren en el lugar y en algunos detalles, pero coinciden en celebrar su martirio el 27 de enero.
Lo mejor documentado es su culto. En 1612, en una antigua iglesia de Sora dedicada al santo, se encontraron unas reliquias que se identificaron como suyas. Fueron trasladadas primero a otra iglesia de la ciudad y, a comienzos del siglo XIX, a la catedral de Sora, donde se veneran bajo el altar que lleva su nombre, coronado por una imagen de madera que lo representa con la palma del martirio. Su fiesta sigue siendo una de las celebraciones religiosas más importantes de la ciudad.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.