Claudio fue un abad y obispo del siglo VII cuya memoria está unida a las montañas del Jura, en el este de la actual Francia. Las noticias sobre su vida son escasas y en parte tardías. Según la tradición más extendida, procedía de una familia acomodada del Franco Condado, fue clérigo en Besançon y, tras varios años, se retiró al monasterio de Condat, fundado dos siglos antes por los santos Román y Lupicino.
Allí llevó una vida austera y llegó a ser abad. Se le atribuye haber introducido o afianzado en la comunidad la regla de san Benito y haber restaurado sus edificios. La tradición añade que hacia el año 685 fue elegido obispo de Besançon, cargo que aceptó a disgusto por su edad y que dejó al cabo de unos años para volver al monasterio, donde murió muy anciano a comienzos del siglo VIII. Los historiadores advierten que estos datos no son del todo seguros y que pudo haber confusiones entre personajes del mismo nombre.
Su culto se hizo muy popular en la Edad Media. El monasterio y la población que creció a su alrededor acabaron tomando su nombre: Saint-Claude, en el departamento del Jura, que fue sede episcopal y lugar de peregrinación muy concurrido. Allí se veneraron sus reliquias durante siglos, hasta que fueron en gran parte destruidas durante la Revolución francesa.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.