
Andrés Chong Hwagyong nació en 1808 en la región de Chungcheong, en Corea. Por vivir su fe con más libertad dejó su tierra y perdió los pocos bienes que tenía. Se convirtió en catequista en una época en la que el cristianismo estaba prohibido en el reino de Joseon y los fieles se reunían en secreto, casi siempre sin sacerdotes.
Cuando llegó a Corea el obispo francés Laurent Imbert, de las Misiones Extranjeras de París, tercer vicario apostólico del país, Andrés colaboró en esconderlo y abrió su casa como refugio para los cristianos. Durante la gran persecución de 1839 unos funcionarios, fingiendo que querían recibir el bautismo, consiguieron que lo pusieran en contacto con el obispo, y Andrés, de buena fe, terminó revelando dónde estaba. El obispo Imbert se entregó poco después y fue martirizado.
Andrés fue detenido varias veces y liberado otras tantas por considerarlo un hombre ingenuo, pero a finales de 1839 fue encarcelado definitivamente. Durante meses sufrió torturas para que renegara de su fe, y no lo consiguieron. Murió estrangulado en la cárcel de Seúl el 23 de enero de 1840. Fue beatificado en 1925 y canonizado por Juan Pablo II en Seúl el 6 de mayo de 1984, junto con otros 102 mártires coreanos, cuya fiesta común se celebra el 20 de septiembre. Su vida muestra la fragilidad humana redimida por la fidelidad final.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.