
El 27 de noviembre de 1619 fueron decapitados en Nagasaki, en Japón, once cristianos japoneses encabezados por Tomás Koteda Kiuni. Eran en su mayoría hombres de familias distinguidas, varios de ellos procedentes de Hirado, una isla del oeste de Japón donde el cristianismo había arraigado desde la segunda mitad del siglo XVI. Tomás pertenecía a una familia noble que era cristiana desde hacía generaciones y se había educado con los jesuitas.
En 1614 el gobierno de los Tokugawa prohibió el cristianismo y ordenó expulsar a los misioneros. Muchos fieles se trasladaron a Nagasaki, donde la comunidad católica era numerosa. Los once mártires fueron detenidos acusados de haber dado alojamiento a misioneros o de no haberlos denunciado, como exigía la ley. Les confiscaron sus bienes y durante unos dos años les ofrecieron la libertad a cambio de renunciar a la fe, pero ninguno cedió. Desde la cárcel escribieron una carta al superior de los jesuitas asegurando su fidelidad a Cristo; varios de ellos eran miembros de la Cofradía del Rosario.
Con Tomás murieron Bartolomé Seki, Antonio Kimura, Juan Iwanaga, Alejo Nakamura, León Nakanishi, Miguel Takeshita, Matías Kozasa, Román Matsuoka, Matías Nakano y Juan Motoyama. Fueron beatificados por el papa Pío IX el 7 de julio de 1867, junto con otros mártires de Japón.
Biografía: redacción de Misa de Hoy.