Día 3 de 9

Tercer día — Las palabras

  1. Oración de todos los días

    Señor, esto se está rompiendo.

    No te pido que cambie el otro.
    Empieza por mí, que es lo único que puedo ofrecerte.
    Danos una conversación de verdad
    y quítanos el orgullo de tener razón.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Santiago 3,5-10

    5 Así también la lengua es un miembro pequeño, sí, pero viene a ser origen fastuoso de cosas de gran bulto. ¡Mirad un poco de fuego cuan grande bosque incendia! 6 La lengua también es un fuego, un mundo entero de maldad. La lengua es uno de nuestros miembros, que contamina todo el cuerpo, y siendo inflamada del fuego infernal, inflama la rueda o toda la carrera de nuestra vida. 7 Toda especie de bestias, de aves, y de serpientes, y de otros animales se amansan, y han sido domados por la naturaleza del hombre; 8 mas la lengua ningún hombre puede domarla; es un mal que no puede atajarse, y está llena de mortal veneno. 9 Con ella bendecimos a Dios Padre; y con la misma maldecimos a los hombres, los cuales son formados a semejanza de Dios. 10 De una misma boca sale la bendición y la maldición. No han de ir así las cosas, hermanos míos.
  3. Meditación del día 3

    Casi todo el daño diario está en el tono: el desprecio, la ironía, el silencio castigador.

    Santiago compara la lengua con una chispa que incendia un bosque entero. Y señala la contradicción más incómoda: con la misma boca bendecimos a Dios y maldecimos a las personas, que están hechas a su imagen. «No han de ir así las cosas», concluye.

    En muchos matrimonios, el daño de cada día no está en las grandes peleas, sino en el tono. El suspiro de fastidio cuando el otro habla. La ironía delante de los amigos. El «tú siempre» y el «tú nunca». El silencio que dura días como castigo. El desprecio, que es quizá lo más corrosivo: hablarle al otro como si fuera inferior, tonto, ridículo. Cada frase así parece pequeña, pero se acumulan como leña seca.

    Hoy observa cómo hablas. No cómo te habla el otro, que eso ya lo tienes medido, sino tu propio tono. Intenta un solo cambio: cuando sientas que va a salir el desprecio, cállate un momento, respira, y di lo que piensas sin ese veneno. No arreglará el matrimonio en un día. Pero puede apagar una chispa antes de que prenda.

  4. Petición

    Quítame el desprecio de la voz.
    Amén.

  5. Oración final

    Santa Rita de Casia, abogada de los imposibles,
    ruega por nuestro matrimonio.

    Sagrada Familia de Nazaret,
    sostened esta casa;
    y si no puede sostenerse, que haya paz.
    Amén.

Mañana toca el día 4. Vuelve a esta hora.