Día 2 de 9

Segundo día — El dolor

  1. Oración de todos los días

    Señor, aquí estamos otro día
    junto a N.

    Si puede sanar, sánalo.
    Alíviale el dolor y el miedo,
    da acierto a los médicos
    y danos a nosotros fuerzas para estar.

    Hágase tu voluntad, y no la nuestra.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Salmos 6,2-7

    2 Señor, no me reprendas en medio de tu saña, ni me castigues en la fuerza de tu enojo. 3 Ten, Señor, misericordia de mí, que estoy sin fuerzas; sáname, ¡oh Señor!, porque hasta mis huesos se han estremecido. 4 Y está mi alma sumamente perturbada; pero tú, Señor, ¿hasta cuándo?. 5 Vuélvete a mí, Señor, y libra a mi alma: sálvame por tu misericordia. 6 Porque en muriendo ya no hay quien se acuerde de ti; y en el infierno, ¿quién te tributará alabanzas? 7 Me he consumido a fuerza de tanto gemir: todas las noches baño mi lecho con mis lágrimas, inundo con ellas el lugar de mi descanso.
  3. Meditación del día 2

    Lo primero que hay que pedir es lo inmediato: que no le duela.

    El salmista no disimula: tengo los huesos temblando, el alma desconcertada, me agoto de gemir, cada noche empapo la cama de lágrimas. Y le pregunta a Dios: ¿hasta cuándo? En la Biblia se puede rezar quejándose. Dios no exige que el enfermo ponga buena cara.

    Lo primero que hay que pedir es lo inmediato: que no le duela. Hoy la medicina tiene muchos recursos contra el dolor, y los cuidados paliativos existen precisamente para eso, también cuando la enfermedad no se puede curar. Pero muchos enfermos sufren más de la cuenta porque no se atreven a quejarse, porque la familia teme a la morfina o porque nadie pregunta.

    Si estás junto a un enfermo, pregúntale a menudo cómo está el dolor, en serio, del uno al diez. Díselo a la enfermera. Pide que lo valore un equipo de paliativos si lo hay. El sufrimiento no es más meritorio por ser innecesario, y no hay que ofrecer a Dios un dolor que se podía haber evitado. Aliviar es también una forma de rezar.

  4. Petición

    Quítale el dolor, o dale lo que haga falta para soportarlo.
    Amén.

  5. Oración final

    Señor Jesús, que pasaste curando a los enfermos:
    mira a N., alivia su dolor,
    sostén a los suyos
    y danos a todos paz.

    Virgen María, salud de los enfermos, ruega por él.
    Amén.

Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.