Día 9 de 9

Noveno día — Víspera del Corpus

  1. Oración de todos los días

    Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar.

    Señor, estás ahí y yo casi nunca me acuerdo.
    Aquí estoy un rato.
    No traigo nada preparado: mírame tú.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Juan 6,51-58

    51 Yo soy el pan vivo, que he descendido del cielo. 52 Quien comiere de este pan, vivirá eternamente: c) Promesa de la Eucaristía Y el pan que Yo daré, es mi misma carne para la vida del mundo. 53 Comenzaron entonces los judíos a altercar unos con otros, diciendo: ¿Cómo puede Éste darnos a comer su carne? 54 Y Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo que si no comiereis la carne del Hijo del hombre y no bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. 55 Quien come mi carne y bebe mi sangre, tiene la vida eterna, y Yo le resucitaré en el último día. 56 Porque mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre es verdaderamente bebida. 57 Quien come mi carne y bebe mi sangre, en Mí mora, y Yo en él. 58 Así como el Padre que me ha enviado vive, y Yo vivo por el Padre, así quien me come, también él vivirá por Mí.
  3. Meditación del día 9

    Mañana es la fiesta. Lo que queda es una costumbre: entrar cinco minutos cuando se pasa por delante de una iglesia.

    En la sinagoga de Cafarnaúm Jesús dice cosas que escandalizan: «quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna». Sus oyentes discuten entre ellos, y el evangelio cuenta poco después que muchos se marcharon. Él no suaviza el mensaje para retenerlos. La fe en la Eucaristía siempre ha costado, y quien diga que la entiende del todo no ha pensado mucho en ella.

    Lo que sí se entiende es la promesa: «en Mí mora, y Yo en él». Comulgar no es un premio por portarse bien ni un trámite de la misa. Es dejar que Cristo viva en ti y tú en él, como el alimento se vuelve parte del cuerpo que lo come. Por eso conviene hacerlo despacio, preparándote un poco antes y dando gracias un poco después, aunque sea un minuto.

    Mañana es el Corpus. Te queda una costumbre fácil de mantener: entrar cinco minutos cuando pases por delante de una iglesia abierta. No hace falta una oración larga; basta con saludar al que está ahí. Al cabo de un año, esos minutos suman más de lo que imaginas.

  4. Petición

    Señor sacramentado, gracias por estos nueve días.
    Que entre a verte aunque tenga prisa.
    Amén.

  5. Oración final

    Alma de Cristo, santifícame.
    Cuerpo de Cristo, sálvame.
    Sangre de Cristo, embriágame.

    Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar,
    y la Virgen María concebida sin pecado original.
    Amén.

Con este día se cierra la novena.