Día 1 de 9
Primer día — La luz
Oración de todos los días
Santa Lucía,
que llevas la luz en el nombre:
cuida los ojos de los que te encomiendo.Y cúrame la otra ceguera:
la de no ver a quien tengo al lado.
Amén.Lectura del día
4 En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres: 5 y esta luz resplandece en medio de las tinieblas, y las tinieblas no la han recibido. 6 Hubo un hombre enviado de Dios, que se llamaba Juan. 7 Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyesen: 8 no era él la luz, sino enviado para dar testimonio de aquel que era la luz. 9 El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo el hombre que viene a este mundo.
Meditación del día 1
Su fiesta está en el fondo del invierno, cuando más falta hace la luz.
El prólogo de san Juan no dice que la luz haya acabado con la oscuridad. Dice que la luz brilla en las tinieblas y que las tinieblas no la vencieron. Las dos cosas conviven. La fe no es vivir en un mediodía permanente; es tener una luz que no se apaga aunque alrededor siga siendo de noche.
En el calendario antiguo la fiesta de Lucía caía cerca del solsticio de invierno, la noche más larga del año en el norte, y por eso en muchos países su día se celebra con velas, procesiones de niñas con coronas de luces y dulces. En nuestras tierras hay también temporadas oscuras que no dependen del sol: un duelo, un desempleo que se alarga, una depresión que no se ve desde fuera. Si estás en una de ellas, no te exijas sentir alegría. Basta con encender una luz pequeña: una conversación sincera, un paseo, una consulta con un profesional de salud mental, una vela delante de su imagen. La noche no se acaba de golpe, pero tampoco te gana.
Petición
Danos luz en los días cortos
y en las temporadas oscuras.
Amén.Oración final
Santa Lucía, virgen y mártir,
que diste tu vida por la luz verdadera:
conserva la vista de nuestros ojos
y alúmbranos por dentro.
Amén.
Mañana toca el día 2. Vuelve a esta hora.