Día 8 de 9

Octavo día — La humildad verdadera

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  1. Oración de todos los días

    San Martín de Porres,
    que barrías y curabas sin preguntar de quién se trataba:

    quítame de encima la costumbre de clasificar a la gente,
    y hazme útil en lo que nadie quiere hacer.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Filipenses 2,3-8

    3 no haciendo nada por tema, ni por vanagloria, sino que cada uno por humildad mire como superiores a los otros, 4 atendiendo cada cual no al bien de sí mismo, sino a lo que redunda en bien del prójimo. 5 Porque habéis de tener en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo en el suyo, 6 el cual teniendo la naturaleza de Dios, no fue por usurpación sino por esencia, el ser igual a Dios; 7 y no obstante, se anonadó a Sí mismo tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres, y reducido a la condición de hombre. 8 Se humilló a Sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
  3. Meditación del día 8

    La humildad no es dejar que te pisen: es no necesitar quedar por encima.

    Pablo pide que nadie actúe por rivalidad ni por vanagloria, y pone como ejemplo a Cristo, que siendo Dios no se aferró a su categoría, sino que se vació y tomó la condición de esclavo. Esa es la humildad cristiana: no rebajarse por inseguridad, sino no necesitar estar por encima.

    Se confunde mucho humildad con dejarse pisar. A muchas mujeres, a muchos trabajadores, a muchos niños se les ha dicho que aguantar abusos era una virtud. No lo es. Martín no era un hombre sin voluntad: discutía con sus superiores para meter enfermos en el convento, se peleaba por conseguir recursos, sabía insistir. Lo que no buscaba era el reconocimiento.

    La humildad de verdad se nota en detalles pequeños: no tener que contar siempre lo que hiciste, alegrarte de verdad cuando otro destaca, reconocer un error sin justificarte durante media hora, pedir ayuda sin sentirte humillado. Hoy elige una conversación en la que normalmente te gusta quedar bien, y no lo busques. Escucha más de lo que hablas. Si alguien se lleva el mérito de algo que hiciste tú y no es grave, déjalo pasar. Vas a notar que se respira mejor.

  4. Petición

    Quítame la necesidad de destacar.
    Amén.

  5. Oración final

    San Martín de Porres,
    hermano de los pobres y enfermero de los despreciados:
    ruega por nosotros,
    cura a nuestros enfermos
    y hazme capaz de servir sin mirar a quién.
    Amén.

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