Día 9 de 9

Noveno día — Entregarla del todo

  1. Oración de todos los días

    Glorioso apóstol san Judas Tadeo,
    siervo fiel y amigo de Jesús:
    te pongo por intercesor en esta causa mía,
    que a nadie más sé pedírsela.

    Alcánzame de Dios lo que necesito,
    si es para bien de mi alma;
    y si no lo es, alcánzame conformidad y salida.

    No me dejes solo con esto.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Judas 1,20-25

    20 Vosotros, al contrario, carísimos, elevándoos a vosotros mismos como un edificio espiritual sobre el fundamento de vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, 21 manteneos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para alcanzar la vida eterna. 22 Y a aquellos que están endurecidos y ya sentenciados, corregidlos; 23 a los unos ponedlos en salvo, arrebatándolos de entre las llamas. Y tened lástima de los demás, temiendo por vosotros mismos; aborreciendo aun hasta la ropa, que está contaminada con la corrupción de la carne. 24 En fin, al que es poderoso para conservaros sin pecado, y presentaros sin mácula y llenos de júbilo ante el trono de su gloria, en la venida de nuestro Señor Jesucristo; 25 al solo Dios Salvador nuestro, por Jesucristo nuestro Señor, sea dada la gloria y magnificencia, imperio y potestad antes de todos los siglos, y ahora, y por todos los siglos de los siglos. Amén.
  3. Meditación del día 9

    Se termina. La causa queda donde la pusimos el primer día, y ahora hay que soltarla de verdad.

    Lo propio es cerrar la novena en la misa, y volver a dar gracias cuando se resuelva: eso es lo que casi nadie hace.

    Entre las cartas del Nuevo Testamento hay una brevísima firmada por «Judas, hermano de Santiago». La tradición la ha atribuido muchas veces a nuestro santo, aunque los estudiosos discuten quién la escribió. Sea como sea, su final cuadra con este último día: manteneos en el amor de Dios, edificaos sobre la fe, y dad gloria al que puede guardaros sin tropiezo.

    Entregar la causa del todo no significa dejar de ocuparte de ella. Mañana seguirás llamando, firmando papeles o yendo a las citas médicas. Lo que cambia es dónde pones el peso. Ya no cargas tú solo con el resultado; tú haces tu parte y otro sostiene el resto.

    Una advertencia práctica: no te comprometas a cosas raras para que el favor llegue, ni repartas cadenas de estampas bajo amenaza. Eso es superstición y no honra al apóstol. Lo que sí tiene sentido es la promesa sencilla de la oración: volver a dar gracias cuando se resuelva y contárselo a quien esté pasando por lo mismo. Pocas cosas animan tanto como el testimonio de alguien que salió adelante.

  4. Petición

    Glorioso san Judas Tadeo,
    toma esta causa como tuya.
    Yo hago lo que me toca y dejo lo demás.

    Y si me lo concedes, prometo volver a dar gracias
    y contarlo a alguien que lo necesite.
    Amén.

  5. Oración final

    Señor Jesús, que llamaste apóstol a Judas Tadeo
    y por su medio sigues atendiendo a los tuyos:
    escucha lo que te he pedido estos nueve días.

    Hágase tu voluntad, y no la mía.
    Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    Amén.

Con este día se cierra la novena.