Día 9 de 9

Noveno día — Patrono de la Iglesia

  1. Oración de todos los días

    A ti, san José, acudimos en nuestra tribulación,
    y después de implorar la ayuda de tu santísima esposa,
    venimos a pedir también tu protección.

    Por el amor que te unió a la Virgen Inmaculada
    y por el cariño con que abrazaste al Niño Jesús,
    mira con bondad esta casa y sus necesidades.
    Amén.

  2. Lectura del día

    1 Corintios 4,1-5

    1 A nosotros, pues, nos ha de considerar el hombre como unos ministros de Cristo, y dispensadores de los misterios de Dios. 2 Esto supuesto, entre los dispensadores lo que se requiere es que sean hallados fieles. 3 Por lo que a mí toca, muy poco se me da el ser juzgado por vosotros, o en cualquier juicio humano, pues ni aun yo me atrevo a juzgar de mí mismo. 1 CORINTIOS 4 Porque si bien no me remuerde la conciencia de cosa alguna, no por eso me tengo por justificado; pues el que me juzga es el Señor. 5 Por lo tanto, no queráis sentenciar antes de tiempo, hasta tanto que venga el Señor, el cual sacará a plena luz lo que está en los escondrijos de las tinieblas, y descubrirá las intenciones de los corazones, y entonces cada cual será de Dios alabado.
  3. Meditación del día 9

    Al que cuidó a Jesús en casa se le encomendó cuidar a la Iglesia entera. Mañana es su fiesta.

    Pablo pide una sola cosa a quienes administran lo que es de Dios: que sean fieles. No brillantes ni famosos. Fieles. José fue exactamente eso con lo que se le confió, y por eso en 1870 el papa Pío IX lo declaró patrono de la Iglesia universal.

    Cuidar a la Iglesia hoy no es defenderla de todo ni taparle las vergüenzas. Durante años se protegió a sacerdotes que abusaron de niños para cuidar la imagen de la institución, y ese silencio hizo muchísimo daño. José cuidaba a las personas, no las apariencias; un custodio de verdad empieza por los más pequeños y escucha a las víctimas.

    Pablo añade algo útil: no juzguéis antes de tiempo, porque el Señor sacará a la luz lo escondido. Eso vale para la parroquia que conoces, con sus defectos y sus santos discretos. Mañana es la fiesta. Si estos nueve días te han servido, quédate con algo concreto: un oficio bien hecho, una casa más tranquila, una decisión que dejaste de aplazar. Es la manera más parecida a José de terminar.

  4. Petición

    San José, custodio de la Iglesia,
    cuídala como cuidaste a los tuyos.
    Gracias por estos nueve días; no nos dejes ahora.
    Amén.

  5. Oración final

    San José, padre y protector nuestro,
    ruega por nosotros y por nuestra familia.

    Jesús, María y José,
    os doy el corazón y el alma mía.
    Jesús, María y José,
    asistidme en mi última agonía.
    Jesús, María y José,
    que descanse en paz con vosotros.
    Amén.

Con este día se cierra la novena.