Día 6 de 9

Sexto día — Por los que luchan solos

  1. Oración de todos los días

    San Jorge,
    que te pusiste delante del dragón
    cuando todo el pueblo miraba desde lejos:

    dame valor para lo que me toca enfrentar,
    y cabeza para no confundir
    el dragón de verdad con mis manías.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Salmos 141,1-8

    1 Salmo de Inteligencia de David: su oración estaba en la cueva. 2 Alcé mi voz para clamar al Señor; al Señor dirigí los clamores de mi plegaria. 3 Derramo en su presencia mi oración, y le represento la extrema tribulación mía. 4 Está ya para desfallecer mi espíritu; y tú, Señor, conoces bien el recto proceder mío. En este camino, por donde yo andaba, me tendieron ocultos lazos, 5 Pensativo miraba si se ponía alguno a mi derecha para defenderme; pero nadie dio a entender que me conociese. Hálleme sin poder huir; y sin nadie que mirase por mi vida. 6 Clamé a ti, ¡oh Señor!, diciendo: Tú eres la única esperanza mía, mi porción en la dichosa tierra de los vivientes. 7 Atiende a mi humilde súplica; porque me hallo sumamente abatido. Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo. 8 Saca de esta cárcel a mi alma para que alabe tu santo nombre; esperando están los justos el momento en que me seas propicio.
  3. Meditación del día 6

    Hay gente peleando batallas invisibles: una enfermedad, una adicción, un juicio, una familia.

    El título de este salmo dice que David lo rezó en una cueva, escondido. Mira a la derecha buscando a alguien que lo defienda, y no hay nadie que lo reconozca; no tiene a dónde huir ni quien mire por su vida. Entonces dice: tú eres mi esperanza. Pide que lo saquen de la cárcel en que se siente.

    Muchas batallas se pelean así, en una cueva: un tratamiento de quimioterapia que la familia apenas comprende, una adicción que se oculta en el trabajo, un juicio por la custodia de los hijos, una depresión que nadie nota porque sigues funcionando. A veces la soledad la elige uno, por vergüenza o por no molestar; otras veces, simplemente, nadie se da cuenta. Reza hoy por esa gente. Y si eres tú quien pelea solo, piensa en una persona a la que podrías contárselo, aunque sea a medias. San Jorge no peleó contra el dragón en secreto, y tú tampoco tienes por qué hacerlo.

  4. Petición

    Acompaña a los que hoy pelean solos.
    Amén.

  5. Oración final

    San Jorge, mártir y soldado,
    que no huiste del peligro:
    ruega por nosotros,
    danos valor en la lucha que nos toca
    y fidelidad hasta el final.
    Amén.

Mañana toca el día 7. Vuelve a esta hora.