Día 1 de 9

Primer día — El que lo perdió todo jugando

  1. Oración de todos los días

    San Camilo de Lelis,
    que conociste el hospital desde la cama y desde el trabajo:

    acompaña a los enfermos graves de esta familia,
    y a los que los atienden hoy de noche.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Lucas 15,13-20

    13 No se pasaron muchos días que aquel hijo más mozo, recogidas todas sus cosas, se marchó a un país muy remoto, y allí malbarató todo su caudal, viviendo disolutamente. 14 Después que lo gastó todo, sobrevino una grande hambre en aquel país, y comenzó a padecer necesidad. 15 De resultas púsose a servir a un morador de aquella tierra, el cual le envió a su granja a guardar cerdos. 16 Allí deseaba con ansia henchir su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, y nadie se las daba. 17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Ay, cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo estoy aquí pereciendo de hambre! 18 Me levantaré, e iré a mi padre, y le diré: Padre mío, pequé contra el cielo, y contra ti: 19 ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros. 20 Con esta resolución se puso en camino para la casa de su padre. Estando todavía lejos, viole su padre, y enterneciéronsele las entrañas, y corriendo a su encuentro le echó los brazos al cuello, y le dio mil besos.
  3. Meditación del día 1

    Llegó a apostarse la camisa. Su conversión empezó al fondo del pozo.

    El hijo menor se va lejos y lo gasta todo. Llega el hambre, acaba cuidando cerdos y deseando comer lo que comen ellos. Entonces, dice Lucas, «volviendo en sí», se acuerda de la casa de su padre y decide regresar. La conversión empieza en el fondo, no en la cima.

    Camilo nació en 1550 en Bucchianico, en el centro de Italia. Fue soldado mercenario, y el juego lo dejó sin nada: según sus biógrafos, llegó a apostar hasta la camisa que llevaba puesta. Terminó trabajando de peón en la construcción de un convento capuchino, y ahí, a los veinticinco años, empezó a cambiar de vida.

    La ludopatía es una enfermedad, no un vicio de gente sin carácter. Hoy es más fácil que nunca caer en ella: apuestas deportivas en el celular, casinos en línea, máquinas en cada esquina. Destruye familias en silencio, con deudas escondidas y mentiras que crecen. Si es tu caso, o el de alguien que quieres, existen grupos de apoyo como Jugadores Anónimos y tratamientos que funcionan. El primer paso es el del hijo pródigo: reconocer dónde estás.

  4. Petición

    Por los que están atrapados en el juego:
    dales salida y ayuda.
    Amén.

  5. Oración final

    San Camilo de Lelis,
    padre de los enfermos:
    ruega por los que están graves,
    por los que agonizan solos
    y por cuantos los cuidan de día y de noche.
    Amén.

Mañana toca el día 2. Vuelve a esta hora.