Día 8 de 9

Octavo día — Encontrarse a uno mismo

  1. Oración de todos los días

    San Antonio de Padua,
    que devolviste a tantos lo que habían perdido
    y defendiste a los pobres de quien los explotaba:
    ayúdame en lo que te pido.

    Que encuentre lo que busco,
    y que no me olvide de los que no tienen nada.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Salmos 138,1-6

    1 Para el fin: salmo de David. 2 Oh Señor, tú has hecho prueba de mí, y me tienes bien conocido. 3 Tú sabes cuanto hago, ora esté quieto, ora andando. 4 De lejos penetras mis pensamientos; averiguaste mis pasos y mis medidas. 5 Tú previste todas las acciones de mi vida; todo lo sabes, aunque mi lengua no pronuncie palabra. 6 Todo lo conoces, Señor, lo pasado y lo venidero; tú me formaste, y, pusiste sobre mí tu mano bienhechora
  3. Meditación del día 8

    Lo más perdido de muchos no es un objeto: es el rumbo, el gusto por la vida, la paz con uno mismo.

    «Oh Señor, tú has hecho prueba de mí, y me tienes bien conocido.» El salmista no le pide a Dios que lo conozca; da por hecho que ya lo conoce, mejor que él mismo. Sabe cuándo se sienta y cuándo se levanta, adónde va, qué va a decir antes de decirlo.

    Esa idea puede asustar o puede consolar. Consuela a quien se siente perdido, porque significa que hay alguien que sí sabe dónde estás aunque tú no lo sepas. Mucha gente llega a cierta edad, o sale de una separación, de un duelo o de un despido, con la sensación de no reconocerse: ya no le gusta lo que antes le gustaba, no sabe para qué se levanta. Eso no es falta de fe, es una etapa, y a veces es una depresión que necesita ayuda profesional además de oración.

    Hoy dedica un rato, sin celular, a contestar por escrito tres preguntas sencillas: qué me da vida, qué me la quita, qué quisiera hacer antes de morir. No hace falta resolverlo hoy. Basta con dejar de huir de la pregunta y ponerla delante de quien te conoce por dentro.

  4. Petición

    San Antonio, ayúdame a encontrarme:
    que sepa qué quiero hacer con lo que me queda de vida.
    Amén.

  5. Oración final

    Si buscas milagros, mira:
    la muerte y el error desterrados,
    la miseria y el demonio huidos,
    leprosos y enfermos sanados.

    Ruega a Cristo por nosotros,
    san Antonio glorioso,
    para que seamos dignos
    de alcanzar sus promesas.
    Amén.

Mañana toca el día 9. Vuelve a esta hora.