Día 4 de 9

Cuarto día — Padre de los monjes

  1. Oración de todos los días

    San Antonio Abad,
    que pasaste años peleando con tu propia cabeza:

    acompáñame en lo que se me repite dentro,
    en la obsesión y en la tentación,
    y no me dejes creer que estoy solo en eso.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Hechos de los Apóstoles 2,42-47

    42 Y perseveraban todos en oír las instrucciones de los apóstoles, y en la comunicación de la fracción del pan, y en la oración. 43 Y toda la gente estaba sobrecogida de un respetuoso temor: porque eran muchos los prodigios y milagros que hacían los apóstoles en Jerusalén; de suerte que todos universalmente estaban llenos de espanto. 44 Los creyentes, por su parte, vivían unidos entre sí, y nada tenían que no fuese común para todos ellos. 45 Vendían sus posesiones y demás bienes, y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. 46 Asistiendo asimismo cada día largos ratos al templo, unidos con un mismo espíritu, y partiendo el pan por las casas de los fieles, tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, 47 alabando a Dios y haciéndose amar de todo el pueblo, Y el Señor aumentaba cada día el número de los que abrazaban el mismo género de vida para salvarse. Curación de un cojo
  3. Meditación del día 4

    Miles fueron detrás al desierto. Sin querer, fundó el monacato.

    Los primeros cristianos de Jerusalén perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la fracción del pan y en las oraciones, y lo tenían todo en común. Vendían sus bienes y los repartían según lo que cada uno necesitaba. Ese ideal inspiró a muchas formas de vida religiosa en los siglos siguientes.

    Antonio no quería fundar nada. Se fue cada vez más lejos en el desierto buscando soledad, pero la gente lo seguía. Muchos se instalaron cerca de él para aprender a vivir como él, y así surgieron las primeras colonias de monjes. Por eso se le llama padre de los monjes, aunque la vida en comunidad la organizaron otros, como san Pacomio.

    Hoy hay monjes y monjas en todo el mundo que siguen rezando a horas fijas, de día y de noche, por todos nosotros. Muchos conventos están envejeciendo y se cierran por falta de vocaciones. Otros cultivan la tierra, hacen dulces, reciben a quien necesita retirarse unos días. Si hay un monasterio cerca de donde vives, visítalo alguna vez. Rezar con ellos una hora puede cambiarte la semana. Y agradéceles: su oración sostiene más de lo que pensamos.

  4. Petición

    Bendice a los monjes y monjas que rezan por todos.
    Amén.

  5. Oración final

    San Antonio Abad,
    padre de los monjes:
    ruega por nosotros,
    líbranos de las tentaciones y de la angustia,
    y bendice a los animales que nos acompañan.
    Amén.

Mañana toca el día 5. Vuelve a esta hora.