Día 2 de 9

Segundo día — Mi parte

  1. Oración de todos los días

    María que desatas los nudos,
    toma esta cinta enredada que es mi vida
    y desátala con tus manos de madre.

    No tires: desata.
    Y si algún nudo hay que cortar,
    dame valor para cortarlo.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Salmos 31,1-5

    1 Del mismo David, salmo de inteligencia. 2 Felices aquellos a quienes se han perdonado sus iniquidades, y se han borrado sus pecados. 3 Dichoso el hombre a quien el Señor no arguye de pecado; y cuya alma se halla exenta de dolo. 4 Por haber yo callado, se consumieron mis huesos, dando alaridos todo el día. 5 Porque de día y de noche me hiciste sentir tu pesada mano. Revolcábame en mi miseria, mientras tenía clavada la espina.
  3. Meditación del día 2

    En casi todo enredo hay una parte que puse yo. Reconocerla no es culparse: es empezar por donde se puede.

    El salmista describe lo que le pasaba mientras callaba su culpa: se le secaban los huesos, gemía todo el día, sentía una mano pesándole encima. La espina seguía clavada. Y llama dichoso no al que nunca falla, sino al que es perdonado.

    En casi todo enredo de familia o de pareja hay una parte que pusiste tú. Quizá pequeña, quizá no. Una palabra que no retiraste, una ausencia, un orgullo que no te dejó llamar. Reconocerla no significa cargar con toda la culpa ni justificar lo que hizo el otro; si alguien te maltrató, eso no es tu parte. Significa mirar lo tuyo con honradez.

    Lo curioso es que reconocer la propia parte suele aflojar el nudo más que cualquier argumento. Quien llega diciendo yo también me equivoqué en esto desarma al otro mucho más que quien llega con una lista de reproches. Hoy no hace falta hablar con nadie todavía. Basta con verlo claro tú, delante de Dios, y aceptar que lo tuyo sí lo puedes empezar a arreglar.

  4. Petición

    Muéstrame mi parte sin hundirme,
    y dame ganas de arreglarla.
    Amén.

  5. Oración final

    Santa María, que desatas los nudos,
    ruega por nosotros.

    Dios te salve, María…

    Y tú, Madre, sigue desatando
    lo que yo no sé ni por dónde empezar.
    Amén.

Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.