Día 8 de 9

Octavo día — El cementerio

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  1. Oración de todos los días

    Dales, Señor, el descanso eterno,
    y brille para ellos la luz perpetua.
    Descansen en paz.

    Acuérdate de nuestros difuntos
    y de aquellos por los que nadie reza.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Tobías 2,1-9

    1 Después de esto, un día festivo del Señor, en que estaba dispuesta una buena comida en casa de Tobías, 2 dijo éste a su hijo: Anda y tráete acá algunos de nuestra tribu, temerosa de Dios, para que coman con nosotros. 3 Habiendo él ido, le contó a la vuelta cómo uno de los hijos de Israel, que había sido degollado, estaba tendido en la plaza. Y al instante, levantándose de la mesa, dejada la comida, corrió, antes de probar bocado, donde estaba el cadáver; 4 y cargando con él, le llevó secretamente a su casa, para darle sepultura a escondidas, después de la puesta del sol. 5 Ocultado el cadáver, se puso a comer llorando y temblando, 6 al acordarse de aquellas palabras que dijo el Señor por el profeta Amos: Vuestros días festivos se convertirán en lamentos y lloros. 7 Puesto ya el sol, fue y le dio sepultura. 8 Reprendíanle todos sus parientes, diciendo: Ya por esta causa se dio la orden de quitarte la vida, y a duras penas escapaste de la sentencia de muerte, ¿y vas nuevamente a enterrar los cadáveres? 9 Pero Tobías, temiendo más a Dios que al rey, robaba los cadáveres de los que habían sido muertos, y escondíalos en su casa, y a media noche los enterraba. Su ceguera
  3. Meditación del día 8

    Ir, limpiar la lápida, poner flores y rezar allí. Es una obra de misericordia con forma de tarea.

    El viejo Tobías está a punto de comer en un día de fiesta cuando le avisan de que hay un hombre degollado tirado en la plaza. Deja la comida, va a buscar el cuerpo, lo esconde en su casa y lo entierra de noche. Sus parientes le reprochan que arriesga la vida, porque estaba prohibido. Él sigue haciéndolo.

    Enterrar a los muertos es una de las obras de misericordia, y durante siglos fue un trabajo que se hacía con las propias manos. Hoy, en las ciudades, otros se ocupan de casi todo, y es fácil perder el contacto con los que se fueron. Ir al cementerio, limpiar la lápida, cambiar el agua de las flores, quitar la maleza y rezar un rato allí son maneras sencillas de seguir cuidándolos.

    Si puedes, ve esta semana. Lleva a los niños, explícales quién está ahí y cuéntales algo de esa persona. Mira también las tumbas de alrededor: algunas tienen flores frescas, otras llevan años sin visitas. Reza también por esos vecinos. Y si los tuyos están enterrados en otro país o en un lugar al que no puedes ir, enciende una vela en casa junto a su foto: también cuenta.

  4. Petición

    Que visite a mis difuntos
    y rece también por los de al lado.
    Amén.

  5. Oración final

    Dales, Señor, el descanso eterno,
    y brille para ellos la luz perpetua.
    Descansen en paz. Amén.

    A nuestros difuntos, Señor,
    y a todos los que descansan en Cristo,
    dales el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.
    Amén.

Mañana toca el día 9. Vuelve a esta hora.