Día 3 de 9

Tercer día — Los recién fallecidos

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  1. Oración de todos los días

    Dales, Señor, el descanso eterno,
    y brille para ellos la luz perpetua.
    Descansen en paz.

    Acuérdate de nuestros difuntos
    y de aquellos por los que nadie reza.
    Amén.

  2. Lectura del día

    1 Tesalonicenses 4,13-18

    13 En orden a los difuntos, no queremos, hermanos, dejaros en ignorancia, porque no os entristezcáis, del modo que suelen los demás hombres, que no tienen la esperanza de la vida eterna, 14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, también debemos creer que Dios resucitará, y llevará con Jesús a la gloria, a los que hayan muerto en la fe y amor de Jesús. 15 Por lo cual os decimos sobre la palabra del Señor, que nosotros los vivientes, o los que quedáremos hasta la venida del Señor, no cogeremos la delantera a los que ya murieron antes. 16 Por cuanto el mismo Señor, a la intimación, y a la voz del arcángel, y al sonido de la trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los que murieron en Cristo, resucitarán los primeros. 17 Después, nosotros los vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados, juntamente con ellos, sobre nubes al encuentro de Cristo en el aire, y así estaremos con el Señor eternamente. 18 Consolaos, pues, los unos a los otros con estas verdades.
  3. Meditación del día 3

    Los que murieron este año, cuyas familias están estrenando la ausencia.

    Pablo escribe a una comunidad que acaba de perder a algunos de los suyos y no sabe qué pensar. No les dice que no lloren. Les dice que no se entristezcan «del modo que suelen los demás hombres, que no tienen la esperanza». La diferencia no está en sentir o no sentir el dolor, sino en lo que hay debajo. Y termina con un encargo práctico: consolaos los unos a los otros.

    Las familias que perdieron a alguien este año están estrenando la ausencia. La primera Navidad, el primer cumpleaños sin esa persona. Es un tiempo en que el duelo se mezcla con trámites, papeles y decisiones sobre la casa o la ropa que nadie quiere tomar. A veces, pasado el entierro, la gente deja de llamar justo cuando más falta hace.

    Reza hoy por los recién fallecidos y por los suyos. Y haz caso a Pablo: consuela. Si conoces a alguien que perdió a un ser querido hace unos meses, escríbele hoy. No hace falta decir nada brillante; basta con nombrar a quien murió y decir que te acuerdas. Muchos dolientes cuentan que lo que más les duele es que nadie lo mencione.

  4. Petición

    Por los que murieron este año
    y por los suyos, que aún no se acostumbran.
    Amén.

  5. Oración final

    Dales, Señor, el descanso eterno,
    y brille para ellos la luz perpetua.
    Descansen en paz. Amén.

    A nuestros difuntos, Señor,
    y a todos los que descansan en Cristo,
    dales el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.
    Amén.

Mañana toca el día 4. Vuelve a esta hora.