Día 1 de 9

Primer día — Todos los Santos

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  1. Oración de todos los días

    Dales, Señor, el descanso eterno,
    y brille para ellos la luz perpetua.
    Descansen en paz.

    Acuérdate de nuestros difuntos
    y de aquellos por los que nadie reza.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Apocalipsis 7,9-14

    9 Después de esto, vi una grande muchedumbre, que nadie podía contar, de todas las naciones, y tribus, y pueblos, y lenguas; que estaban ante el trono, y delante del Cordero, revestido de un ropaje blanco, con palmas en sus manos; 10 y exclamaban a grandes voces, diciendo: La salvación se debe a nuestro Dios, que está sentado en el solio, y al Cordero. 11 Y todos los ángeles estaban en torno del solio, y de los ancianos, y de los cuatro animales; y se postraron delante del solio sobre sus rostros, y adoraron a Dios, 12 diciendo: Amén. Bendición, y gloria, y sabiduría, y acción de gracias, honra, y poder, y fortaleza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén. 13 En esto, hablándome uno de los ancianos, me preguntó: Ésos, que están cubiertos de blancas vestiduras, ¿quiénes son?, y ¿de dónde han venido? 14 Yo le dije: Mi Señor, tú lo sabes. Entonces me dijo: Éstos son los que han venido de una tribulación grande, y lavaron sus vestiduras, y las blanquearon en la sangre del Cordero:
  3. Meditación del día 1

    Se empieza en la fiesta de los que ya llegaron, muchos sin altar ni nombre conocido.

    Juan ve una muchedumbre que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, vestida de blanco delante del trono. Cuando le preguntan quiénes son, la respuesta es sencilla: los que vienen de la gran tribulación. No son los famosos; son una multitud sin nombre.

    La fiesta de Todos los Santos celebra a esos. No solo a los santos de los altares, que ya tienen su día, sino a la abuela que rezó toda su vida y crió a nueve hijos, al obrero honrado que nunca robó un peso, a la vecina que cuidó a todos los enfermos de la cuadra. Gente que vivió el Evangelio sin que nadie la canonizara y que, confiamos, ya está con Dios.

    Empieza esta novena dando gracias por los santos de tu familia. Piensa en uno o dos, con nombre y apellido, que te enseñaron algo de Dios más con su vida que con palabras. Cuenta su historia a los más jóvenes de la casa. Y recuerda que el cielo no está reservado a gente extraordinaria: la muchedumbre del Apocalipsis está hecha de personas corrientes que aguantaron sin soltarse de Dios.

  4. Petición

    Gracias por los santos de mi familia,
    que no están en ningún calendario.
    Amén.

  5. Oración final

    Dales, Señor, el descanso eterno,
    y brille para ellos la luz perpetua.
    Descansen en paz. Amén.

    A nuestros difuntos, Señor,
    y a todos los que descansan en Cristo,
    dales el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.
    Amén.

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