Día 5 de 9

Quinto día — Las acciones de gracias

  1. Oración de todos los días

    Madre del Perpetuo Socorro,
    el Niño se agarró a tu mano
    cuando vio lo que le esperaba.

    Déjame agarrarme así.
    No me sueltes en lo que tengo delante.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Lucas 17,11-19

    11 Caminando Jesús hacia Jerusalén, atravesaba Samaría y Galilea. 12 Y estando para entrar en una población, le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se pararon a lo lejos, 13 y levantaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten lástima de nosotros. 14 Luego que Jesús los vio, les dijo: Id, mostraros a los sacerdotes. Y cuando iban, quedaron curados. 15 Uno de ellos, apenas echó de ver que estaba limpio, volvió atrás, glorificando a Dios a grandes voces, 16 y postróse a los pies de Jesús, pecho por tierra, dándole gracias: y éste era un samaritano. 17 Jesús dijo entonces: ¿Pues qué, son diez los curados? ¿Y los nueve dónde están? 18 No ha habido quien volviese a dar a Dios la gloria sino este extranjero. 19 Después le dijo: Levántate, vete: que tu fe te ha salvado. La segunda venida del Señor
  3. Meditación del día 5

    En esas novenas se leían en voz alta los favores recibidos. Oír lo que a otro le concedieron sostiene la fe propia.

    Diez leprosos piden a gritos y los diez quedan limpios por el camino. Solo uno vuelve a dar las gracias, y encima es samaritano, el extranjero mal visto. Jesús pregunta con algo de tristeza: ¿y los otros nueve dónde están?

    En las novenas perpetuas de los redentoristas había una costumbre que llenaba iglesias: además de las peticiones, se leían en voz alta las acciones de gracias de quienes habían recibido algo. Una curación, un trabajo, un hijo que volvió a casa. Esos testimonios sostenían la fe de los demás.

    Nosotros somos más bien de los nueve. Pedimos con urgencia y cuando el problema se resuelve nos olvidamos rápido, o lo atribuimos a la suerte o a nuestro esfuerzo. Volver a agradecer cuesta poco y cambia mucho: a ti te ayuda a ver la mano de Dios, y a otro que está desesperado le da una razón para seguir pidiendo. Hoy piensa en un favor concreto que hayas recibido, quizá hace años, y cuéntaselo a alguien que lo necesite oír. Sin exagerar, con sencillez.

  4. Petición

    Gracias por lo que me has concedido
    y que sepa contarlo para animar a otro.
    Amén.

  5. Oración final

    Madre del Perpetuo Socorro,
    socórrenos siempre:
    en la salud y en la enfermedad,
    en el trabajo y en la falta de trabajo,
    y en la hora de nuestra muerte.

    Dios te salve, María…
    Amén.

Mañana toca el día 6. Vuelve a esta hora.