Día 2 de 9
Segundo día — La sandalia suelta
Oración de todos los días
Madre del Perpetuo Socorro,
el Niño se agarró a tu mano
cuando vio lo que le esperaba.Déjame agarrarme así.
No me sueltes en lo que tengo delante.
Amén.Lectura del día
10 no temas, que Yo estoy contigo; no te desvies, pues Yo soy tu Dios; Yo te he confortado, y te he auxiliado, y la diestra de mi justo te ha amparado. 11 Sábete que quedarán confundidos y avergonzados todos aquellos que te hacen guerra: serán como si no fuesen, y perecerán los que te contradicen. 12 Buscarás a esos hombres que se alzan contra ti, y no los hallarás; serán como si no fuesen, y quedarán como un esqueleto cuantos te hacen guerra. 13 Porque Yo soy el Señor tu Dios, que te tomo por la mano y te estoy diciendo: No temas, que Yo soy el que te socorro.
Meditación del día 2
El detalle más humano del icono: al Niño se le suelta el calzado del susto. El miedo no es falta de fe.
«No temas, que yo estoy contigo... yo te tomo de la mano». Isaías escribe para un pueblo desterrado, lejos de su tierra y con motivos de sobra para tener miedo. Dios no le dice que el miedo sea pecado; le dice que no está solo y le agarra la mano.
En el icono, el Niño ha visto algo que le asusta y corre hacia su madre tan deprisa que se le suelta una sandalia, que queda colgando de una correa. Es un detalle casi doméstico, de niño de verdad. Y nadie lo pintó como señal de poca fe. Sus dos manos aprietan la de María.
Hay miedos que no se van rezando: a un resultado de laboratorio, a quedarse sin trabajo con cincuenta años, a la violencia del barrio, a que llamen a la puerta los que cobran la extorsión. No tienes que esconderlos para presentarte ante Dios. El miedo dicho en voz alta pesa menos que el miedo callado. Pide hoy lo mismo que pedía el Niño con sus manos: que te sostengan mientras pasa el susto. Y si el miedo te desborda, busca también ayuda profesional; eso no contradice la oración.
Petición
No me avergüences por tener miedo:
sosténmelo hasta que pase.
Amén.Oración final
Madre del Perpetuo Socorro,
socórrenos siempre:
en la salud y en la enfermedad,
en el trabajo y en la falta de trabajo,
y en la hora de nuestra muerte.Dios te salve, María…
Amén.
Mañana toca el día 3. Vuelve a esta hora.