Día 5 de 9

Quinto día — El agua de la fuente

  1. Oración de todos los días

    Virgen de los Ángeles, Negrita de Cartago:
    tú volvías siempre a tu piedra,
    y nos enseñaste que Dios elige estar donde está la gente humilde.

    Quédate con nosotros, Madre.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Juan 5,2-9

    2 Hay en Jerusalén una piscina dicha de las ovejas, llamada en hebreo Betsaida, la cual tiene cinco pórticos. 3 En ellos, pues, yacía una gran muchedumbre de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, aguardando el movimiento de las aguas. 4 Pues un ángel del Señor descendía de tiempo en tiempo a la piscina: y se agitaba el agua. Y el primero que después de movida el agua entraba en la piscina quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. 5 Allí estaba un hombre que treinta y ocho años hacía que se hallaba enfermo. 6 Como Jesús le viese tendido y conociese que llevaba ya mucho tiempo, dícele: ¿Quieres ser curado? 7 Señor, respondió el doliente, yo no tengo una persona que me meta en la piscina, así que el agua está agitada: por lo cual, mientras yo voy ya otro ha bajado antes. 8 Dícele Jesús: Levántate, coge tu camilla y anda. 9 De repente se halló sano este hombre: y cogió su camilla, e iba caminando. Era aquel un día de sábado.
  3. Meditación del día 5

    La gente se lleva agua del santuario para los enfermos de su casa. No es magia: es una madre invocada donde duele.

    En la piscina de Betesda yacían enfermos esperando que se moviera el agua. Allí había un hombre enfermo desde hacía treinta y ocho años que no tenía a nadie que lo metiera en el agua a tiempo. Jesús no lo mete en la piscina: le pregunta si quiere sanar y le dice que se levante.

    Junto a la basílica de los Ángeles hay una fuente de la que la gente recoge agua en botellas para llevar a los enfermos de su casa. Es un gesto de fe sencilla, una manera de llevar a casa algo del santuario. El problema empieza cuando el agua se trata como remedio que sustituye al médico.

    El paralítico del evangelio tenía un problema más hondo que la enfermedad: nadie lo ayudaba. Esa es también la situación de muchos enfermos hoy: citas que tardan meses, viajes largos al hospital, soledad. Lleva agua de la fuente si quieres, pero lleva también tu tiempo. Acompañar a alguien a una consulta puede ser la forma más concreta de esta oración.

  4. Petición

    Cura a los enfermos de esta casa:
    (dilos por su nombre).
    Amén.

  5. Oración final

    Dios te salve, María…

    Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Costa Rica:
    ruega por nosotros,
    por los enfermos de nuestras casas
    y por los que caminan hasta tu santuario.
    Amén.

Mañana toca el día 6. Vuelve a esta hora.