Día 7 de 9
Séptimo día — Mis propias cadenas
Oración de todos los días
Virgen de la Merced,
redentora de cautivos:
suelta lo que me tiene atado.Acuérdate de los que están presos,
de los que no pueden salir de donde están
y de los que esperan en casa su vuelta.
Amén.Lectura del día
15 Por lo que yo mismo no apruebo lo que hago: pues no hago el bien que amo: sino antes el mal que aborrezco, ese le hago. 16 Mas por lo mismo que hago lo que no amo, reconozco la Ley como buena. 17 Y en este lance no tanto soy yo el que obra aquello, cuanto el pecado o la concupiscencia que habita en mí. 18 Que bien conozco que nada de bueno hay en mí, quiero decir, en mi carne. Pues aunque hallo en mí la voluntad para hacer el bien: no hallo cómo cumplirla. 19 Por cuanto no hago el bien que quiero: antes bien, hago el mal que no quiero. 20 Mas si hago lo que no quiero: ya no lo ejecuto yo, sino el pecado que habita en mí.
Meditación del día 7
Hay cautiverios que uno se pone solo: una adicción, una deuda, un rencor de años.
Pablo describe algo que todos hemos vivido: no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Sabe lo que está bien, lo desea, y no le sale. No habla como un santo que mira desde arriba, sino como alguien que se conoce por dentro y está harto de sí mismo.
Hay cautiverios que no tienen rejas. El alcohol que empezó como una copa los viernes. El juego en el teléfono que se come el sueldo. La deuda con el prestamista que cobra intereses imposibles. La pornografía, la rabia que estalla con los hijos, el rencor que llevas quince años alimentando contra tu padre. Desde fuera no se nota; desde dentro, ocupa todo.
De estas cadenas no se sale solo a fuerza de voluntad, y Pablo lo sabe. Hace falta ayuda: un grupo de alcohólicos anónimos, un médico, un psicólogo, alguien de confianza a quien contárselo, una confesión sin prisas. Pedir esa ayuda no es una derrota. Hoy nombra tu cadena en voz baja, delante de Dios, y da un primer paso concreto para soltarla.
Petición
Suelta esto que me tiene atado:
(dilo ahora).
Amén.Oración final
Dios te salve, María…
Virgen de la Merced, redentora de cautivos:
ruega por los presos y por sus familias,
y líbranos de toda cadena.
Amén.
Mañana toca el día 8. Vuelve a esta hora.