Día 8 de 9

Octavo día — Purificar

  1. Oración de todos los días

    Virgen de la Candelaria,
    que llevas la luz en la mano:
    enciende lo que en mí se ha apagado.

    Dame la luz que necesito para hoy,
    no para todo el camino:
    con ver el siguiente paso me basta.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Malaquías 3,1-4

    1 He aquí que Yo envío mi ángel, el cual preparará el camino delante de Mí. Y luego vendrá a su templo el dominador a quien buscáis vosotros, y el ángel del testamento de vosotros tan deseado. Vedle ahí que viene, dice el Señor de los ejércitos. 2 ¿Y quién podrá pensar en lo que sucederá el día de su venida? ¿Y quién podrá pararse a mirarle? Porque Él será como un fuego que derrite, y como la hierba jabonera de los bataneros. MALAQUÍAS 3 Y sentarse ha como para derretir y limpiar la plata; y de este modo purificará a los hijos de Leví, y los acrisolará como al oro y la plata, y así ellos ofrecerán al Señor con justicia o santidad los sacrificios. 4 Y entonces será grato al Señor el sacrificio de Judá y de Jerusalén, como en los siglos primeros, y tiempos antiguos.
  3. Meditación del día 8

    La fiesta se llamó de la Purificación. Limpiar no es avergonzarse, es dejar sitio.

    Malaquías anuncia que el Señor entrará en su templo como fuego de fundidor, como lejía de lavandera, sentado para refinar la plata. Es la lectura que la Iglesia proclama el día de la Presentación. La imagen no es amable: purificar duele un poco, porque supone quitar lo que se pegó.

    Durante siglos la fiesta se llamó de la Purificación de la Virgen, por el rito que la ley de Moisés pedía a las madres cuarenta días después del parto. Hoy el nombre cambió para poner a Jesús en el centro, pero la palabra sigue sirviendo. Purificar no es avergonzarse ni sentirse sucio. Es hacer espacio, como quien limpia un cuarto para que entre alguien.

    Mira hoy qué ocupa espacio dentro de ti sin dejarte vivir: un rencor viejo que repasas de noche, la envidia del que le va mejor, la costumbre de quejarte de todo. No se quitan de un día para otro, pero se pueden empezar a sacar. Elige uno solo. Si es un rencor, no hace falta reconciliarse hoy; basta con dejar de alimentarlo. Si es la queja, intenta un día entero sin ella.

  4. Petición

    Límpiame de lo que estorba:
    el rencor, la envidia, la costumbre de quejarme.
    Amén.

  5. Oración final

    Dios te salve, María…

    Virgen de la Candelaria,
    que presentaste a tu Hijo en el templo:
    ruega por nuestras familias
    y alumbra nuestros días oscuros.
    Amén.

Mañana toca el día 9. Vuelve a esta hora.