Día 9 de 9
Noveno día — Por los tibios
Oración de todos los días
Jesús, confío en ti.
Eterno Padre, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre,
el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo,
nuestro Señor Jesucristo,
como propiciación de nuestros pecados
y los del mundo entero.Por su dolorosa Pasión,
ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
Amén.Lectura del día
14 En fin, al ángel de la iglesia de Laodicea, escribirás: Esto dice la misma verdad, el testigo fiel, y verdadero, el principio de las criaturas de Dios. 15 Conozco bien tus obras, que ni eres frío, ni caliente: ¡ojalá fueras frío, o caliente! 16 Mas por cuanto eres tibio, y no frío, ni caliente, estoy para vomitarte de mi boca: 17 porque estás diciendo: Yo soy rico, y hacendado, y de nada tengo falta; y no conoces que eres un desdichado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo. 18 Aconsejóte que compres de Mí el oro afinado en el fuego, con que te hagas rico, y te vistas de ropas blancas, y no se descubra la vergüenza de tu desnudez, y unge tus ojos con colirio para que veas. 19 Yo a los que amo, los reprendo, y castigo. Arde, pues, en celo de la gloria de Dios, y haz penitencia. 20 He aquí que estoy a la puerta de tu corazón, y llamo: si alguno escuchare mi voz, y me abriere la puerta, entraré en él, y con él cenaré, y él conmigo.
Meditación del día 9
El último día se guarda para los tibios: los que no están contra Dios ni con él, los que lo dejan para más adelante.
Conviene rezarlo mirándose a uno mismo, que es donde suele estar la tibieza.
La carta a Laodicea es la más dura del Apocalipsis. A esa comunidad no se le reprocha una herejía ni una persecución mal llevada. Se le reprocha que no es ni fría ni caliente. Que dice «soy rico, no necesito nada» y no ve su propia pobreza. Y, sin embargo, la carta termina con una imagen de ternura: estoy a la puerta y llamo.
La tibieza no hace ruido. Es ir a misa por costumbre y salir igual. Es dejar la confesión para el año que viene, la reconciliación con tu hermano para cuando él dé el primer paso, la ayuda al vecino para cuando tengas tiempo. Es tener todo más o menos en orden y no esperar nada.
Por eso este día se reza mirándose al espejo. Después de ocho días pidiendo por otros, el último te toca a ti. Jesús no fuerza la puerta: llama y espera. Mañana es la fiesta de la Misericordia. Lo que se juega hoy es si la abres o la vuelves a dejar para después.
Petición
Jesús, sacúdeme la tibieza a mí primero,
y luego a los que rezan sin ganas como yo.
Que no se nos pase la vida en el «mañana».
Ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
Amén.Oración final
Jesús, confío en ti.
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal,
ten piedad de nosotros y del mundo entero.
(tres veces)Eterno Padre, mira con ojos de misericordia
a esta gente por la que hoy he rezado.
Amén.
Con este día se cierra la novena.