Día 9 de 9

Noveno día — Víspera de la solemnidad

  1. Oración de todos los días

    Jesucristo, Rey del Universo,
    que reinas desde una cruz:

    reina en lo que decido y en lo que gasto,
    en cómo trato a los míos
    y en lo que dejo entrar en mi casa.
    Amén.

  2. Lectura del día

    Josué 24,14-18

    14 Ahora, pues, yo os digo: Temed al Señor y servidle con un corazón bien perfecto y sincero, y quitad de en medio de vosotros los dioses a quienes sirvieron vuestros padres en Mesopotamia y en Egipto, y servid a solo el Señor. 15 Pero si os parece malo el servir al Señor, libres sois; escoged hoy, según lo que más os agrade, a quien debéis antes servir, si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres en Mesopotamia, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; que yo y mi casa serviremos al Señor. 16 Respondió el pueblo y dijo: Lejos de JOSUÉ nosotros el abandonar al Señor y servir a dioses ajenos. 17 El Señor Dios nuestro es quien nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud, y obró a nuestros ojos milagros grandiosos, y nos guardó en todo el camino por donde anduvimos, y en todos los pueblos por donde pasamos; 18 y echó a todas las naciones, a los amorreos, habitantes del país en que nosotros hemos entrado. Así que serviremos al Señor, pues Él es nuestro Dios.
  3. Meditación del día 9

    Mañana es Cristo Rey. La consagración de la casa y de la familia a él es costumbre de este día.

    Josué reúne al pueblo en Siquén al final de su vida y le plantea una elección sin trampas: si no les parece bien servir al Señor, escojan hoy a quién quieren servir, a los dioses de sus padres o a los de los pueblos vecinos. Y luego da su respuesta personal, que no impone a nadie: yo y mi casa serviremos al Señor.

    Mañana es la solemnidad de Cristo Rey, instituida por Pío XI en 1925. En muchas familias es costumbre consagrar la casa al Sagrado Corazón o a Cristo Rey: una imagen en la sala, una oración en familia, una bendición. Es un gesto hermoso, pero no es un amuleto contra las desgracias. Consagrar la casa es decidir quién manda en ella, como hizo Josué.

    Y eso se nota en lo cotidiano: cómo se habla en la mesa, cómo se resuelven las peleas, si hay violencia o respeto, si los más débiles de la casa están protegidos. Un hogar consagrado a Cristo donde se grita y se humilla no está consagrado a nada. Hoy da gracias por estos nueve días y, si quieres, di tú también la frase de Josué en voz alta.

  4. Petición

    Jesucristo, Rey, gracias por estos nueve días.
    Reina en esta casa.
    Amén.

  5. Oración final

    Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera.

    Jesucristo, Rey del Universo:
    reina en nuestras familias,
    en nuestro trabajo y en nuestro país;
    que tu reino sea de verdad, justicia y paz.
    Amén.

Con este día se cierra la novena.