Salmos 98

1 Salmo del mismo David.

2 Reina ya el Señor; estremézcanse los pueblos; reina ya aquel que está sentado sobre querubines; agítese la tierra.

3 Grande es el Señor en Sión; elevado está sobre todos los pueblos.

4 Tributen gloria a tu grande nombre, por cuanto él es terrible y santo;

5 y la gloria del rey está en amar la justicia. Tú estableciste leyes rectísimas; tú ejerciste el juicio y la justicia en el pueblo de Jacob.

6 Ensalzad al Señor Dios nuestro, y adorad el Arca, estrado de sus pies; porque él es el Santo.

7 Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, y Samuel el más distinguido entre los que invocaban su nombre: ellos clamaban al Señor, y el Señor les oía benigno;

8 hablábales desde una columna de nube. Observaban sus mandamientos y el fuego que les había dado.

9 ¡Oh Señor Dios nuestro!, tú atendías a sus ruegos; fuísteles propicio, ¡oh Dios!, aunque no dejaste de castigar todas sus culpas.

10 Ensalzad al Señor nuestro Dios, y adoradle en su santo monte; porque el Señor Dios nuestro es el Santo por excelencia.

De qué trata este capítulo

Himno a la santidad del Señor que reina (salmo 99 en la numeración hebrea). Sentado sobre los querubines, hace temblar a los pueblos y es grande en Sión (versículos 2 y 3). Un estribillo repite que Él es santo (versículos 4, 6 y 10), y se invita a postrarse ante el estrado de sus pies, es decir, el arca de la alianza (versículo 6).

El salmo recuerda a grandes intercesores de Israel: Moisés y Aarón, sacerdotes, y Samuel, que invocaban al Señor y recibían respuesta desde la columna de nube (versículos 7 y 8). Dios fue para ellos un Dios que perdona, aunque castigó sus culpas (versículo 9). Termina con una invitación a adorar en su monte santo.

Este capítulo en la misa

Un pasaje de este capítulo se proclama en 1 celebración del año litúrgico: