Salmos 61

1 Para el fin: salmo de David para Iditun

2 ¿Cómo no ha de estar mi alma sometida a Dios, dependiendo de él mi salvación?

3 Él es mi Dios y mi salvador: siendo él mi defensa, no seré jamás conmovido.

4 ¿Hasta cuándo estaréis acometiendo a un hombre todos juntos para acabar con él, y derrocarle como a una pared desnivelada,. y como a una tapia ruinosa?

5 Mas ellos maquinaron despojarme de lo que más aprecio; corrí como sediento; ellos hablaban bien de mí con la boca, mas en su corazón me maldecían

6 Tú, empero, ¡oh alma mía!, mantente sujeta a Dios; pues que de él viene mi paciencia,

7 Porque siendo él, como es, mi Dios y mi salvador, y estando él en mi ayuda, no vacilaré.

8 En Dios está mi salvación y mi gloria, Dios es el que me socorre, en Dios está la esperanza mía.

9 Esperad en él vosotros, pueblos todos aquí congregados, derramad vuestros corazones en su acatamiento: Dios es nuestro protector eternamente.

10 Al contrario, vanos y falaces son los hijos de los hombres; mentirosos son los hijos de los hombres puestos en balanza; todos ellos juntos son más ligeros que la misma vanidad.

11 No queráis confiar en la injusticia, ni codiciar robos; aun si las riquezas os vienen en abundancia, no pongáis en ellas vuestro corazón.

12 Una vez habló Dios, y estas dos cosas oí yo: Que el poder está en Dios,

13 y que tú, Señor, eres misericordioso; porque a cada uno remunerarás conforme a sus obras.