Salmos 52
1 Para el fin:
2 con aire triste. salmo de inteligencia de David.
3 Dijo el insensato en su corazón: No hay Dios.
4 Estragáronse los hombres, y se han hecho abominables por sus maldades. No hay quien obre bien.
5 Echó Dios desde el cielo una mirada sobre los hijos de los hombres para ver si hay quien conozca o quien busque a Dios.
6 Pero todos se han descarriado: se han hecho igualmente inútiles: no hay quien obre bien, ni uno siquiera.
7 ¿No caerán pues, en la cuenta de que tay un Dios justiciero todos aquellos que comen la iniquidad, que devoran a mi pueblo como quien come un pedazo de pan? Ellos no han invocado a Dios:
8 Temblaron de miedo allí donde no había que temer. Porque Dios aniquila el poder de los que lisonjean a los hombres. Serán confundidos porque Dios los deshecho de sí,
9 ¡Oh! ¿Quién enviará a Sión al Salvador de Israel? Cuando Dios pondrá fin al cautiverio de su pueblo, se regocijará Jacob, saltará de gozo Israel.
De qué trata este capítulo
Casi idéntico al salmo 13 del sitio (14 en la numeración hebrea), este salmo de David (53 en la hebrea) arranca con la frase del necio que dice en su interior que no hay Dios (versículo 3). Dios se asoma desde el cielo para buscar a alguien sensato que le busque, y no encuentra ni uno que obre el bien (versículos 5 y 6).
Los malhechores devoran al pueblo como quien come pan y no invocan a Dios; por eso el pánico les sobreviene donde no había motivo (versículos 7 y 8). San Pablo recoge estas palabras en Romanos 3 para mostrar que todos necesitan la gracia. El salmo termina deseando que la salvación venga de Sión y que Israel se alegre cuando Dios cambie su suerte (versículo 9).