Salmos 42

1 Salmo de David.

2 Júzgame tú, ¡oh Dios!, y toma en tus manos mi causa; líbrame de una gente impía, y del hombre inicuo y engañador.

3 Pues que tú eres, ¡oh Dios!, mi fortaleza, ¿por qué me has desechado de ti? ¿Y por qué he de andar triste, mientras me aflige mi enemigo?

4 Envíame tu luz y tu verdad, tu gracia y socorro; éstas me han de guiar y conducir a tu monte santo, hasta tus tabernáculos.

5 Y me acercaré al altar de Dios, al Dios que llena de alegría mi juventud. Cantaré tus alabanzas con la cítara, ¡oh Dios, oh Dios mío! SALMOS

6 ¿Por qué estás triste, oh alma mía? ¿Y por qué me llenas de turbación? Espera en Dios; porque todavía he de cantarle alabanzas, por ser él el Salvador, que está siempre delante de mí, y el Dios mío.

De qué trata este capítulo

Continuación del anterior, con el que forma un solo poema y comparte el estribillo; en la numeración hebrea es el salmo 43. El orante pide a Dios que defienda su causa contra gente sin piedad (versículo 2) y pregunta por qué lo ha rechazado (versículo 3).

En el versículo 4 pide que Dios le envíe su luz y su verdad para que lo guíen hasta su monte santo, y en el versículo 5 promete acercarse al altar de Dios, alegría de su juventud, para alabarlo con la cítara. Con estas palabras, en latín «Introibo ad altare Dei», comenzaba el sacerdote la misa tradicional al pie del altar. El versículo 6 repite la invitación a esperar en Dios.