Salmos 147

1 Alaba al Señor, oh Jerusalén; alaba, oh Sión, a tu Dios.

2 Porque él ha asegurado con fuertes barras o cerrojos tus puertas; ha llenado de bendición a tus hijos, que moran dentro de ti.

3 Ha establecido la paz en tu territorio, y te alimenta de la flor de harina.

4 Él despacha sus órdenes a la tierra; órdenes que se comunican velocísimamente.

5 Él nos da la nieve como copos de lana: esparce la escarcha como ceniza.

6 Él despide el granizo en menudos pedazos: ¿al rigor de su frío quién resistirá?

7 Pero luego despacha sus órdenes, y derrite estas cosas: hace soplar su viento y fluyen las aguas.

8 Él anuncia su palabra a Jacob, sus preceptos y ocultos juicios a Israel.

9 No ha hecho otro tanto con las demás naciones: ni les ha manifestado a ellas sus juicios o preceptos. Aleluya.

De qué trata este capítulo

Segunda parte del salmo 147 de la numeración hebrea, conocida en latín como Lauda Ierusalem. Invita a Jerusalén y a Sión a alabar a su Dios, que ha reforzado los cerrojos de sus puertas, ha puesto paz en sus fronteras y la sacia con flor de harina (versículos 1 a 3). La liturgia lo canta en la solemnidad del Corpus Christi por esa imagen del pan.

La palabra de Dios corre veloz por la tierra (versículo 4): envía la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza y el granizo como migas; luego manda su palabra y todo se derrite (versículos 5 a 7). Concluye con el privilegio de Israel, al que Dios ha dado a conocer sus mandatos como a ningún otro pueblo (versículos 8 y 9).

Este capítulo en la misa

Pasajes de este capítulo se proclaman en 13 celebraciones del año litúrgico: