Salmos 145

1 Aleluya: de Ageo y de Zacarías.

2 Alaba al Señor, oh alma mía: sí, he de alabar al Señor toda mi vida: mientras yo existiere, cantaré himnos a mi Dios. ¡Ahí, no queráis confiar en los poderosos de la tierra,

3 en los hijos de hombres, los cuales no tienen en su mano la salud.

4 Saldrá su espíritu del cuerpo, y volverán a ser polvo: entonces se desvanecerán como humo todos sus proyectos.

5 Dichoso aquel que tiene por protector al Dios de Jacob, el que tiene puesta su esperanza en el Señor Dios suyo,

6 Criador del cielo y de la tierra, del mar y de cuanto ellos contienen:

7 el cual mantiene eternamente la verdad de sus promesas, hace justicia a los que padecen agravios, da de comer a los hambrientos. El mismo Señor da libertad a los que están encadenados.

8 El Señor alumbra a los ciegos. El Señor levanta a los caídos: ama el Señor a todos los justos.

9 El Señor protege a los peregrinos: amparará al huérfano y a la viuda, y desbaratará los designios de los pecadores.

10 El Señor reinará eternamente: el Dios tuyo, oh Sión, reinará en toda la serie de generaciones.

De qué trata este capítulo

Primero de los cinco salmos del «aleluya» que cierran el salterio (146 en la numeración hebrea); la Vulgata lo atribuye en el título a Ageo y Zacarías (versículo 1). El orante quiere alabar al Señor toda la vida y advierte que no hay que confiar en los poderosos: cuando exhalan el espíritu vuelven al polvo (versículos 2 a 4).

Es dichoso, en cambio, quien tiene por auxilio al Dios de Jacob, creador del cielo, de la tierra y del mar (versículos 5 y 6). Los versículos 7 a 9 enumeran sus obras: hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, libera a los cautivos, abre los ojos a los ciegos y protege a la viuda y al huérfano. Su reinado durará siempre (versículo 10).

Este capítulo en la misa

Pasajes de este capítulo se proclaman en 6 celebraciones del año litúrgico: