Salmos 137

1 Del mismo David.

2 Te alabaré, Señor, con todo mi corazón; porque oíste las peticiones de mi boca. En presencia de los ángeles te cantaré himnos;

3 te adoraré en tu santo templo, y tributaré alabanzas a tu nombre, por la misericordia y verdad de tus promesas, con que has engrandecido sobre todas las cosas tu nombre santo.

4 En cualquier día que te invocare, óyeme benigno; tú aumentarás la fortaleza de mi alma.

5 Alábente, ¡oh Señor!, todos los reyes de la tierra, ya que han oído todas las palabras de tu boca.

6 Y celebren las disposiciones del Señor; visto que la gloria del Señor es tan grande.

7 Porque siendo el Señor, como es, altísimo, pone los ojos en las criaturas humildes, y mira como lejos de sí a las altivas.

8 Si me hallare, ¡oh Señor!, en medio de la tribulación, tú me animarás, porque extendiste tu mano contra el furor de mis enemigos, y me salvó tu poderosa diestra.

9 El Señor tomará mi defensa. Eterna es, ¡oh Señor, tu misericordia; no deseches las obras de tus manos.

De qué trata este capítulo

Acción de gracias de David (salmo 138 en la numeración hebrea) por una oración escuchada. El orante da gracias al Señor de todo corazón y le canta delante de los ángeles por su misericordia y su fidelidad (versículos 2 y 3). Recuerda que el día en que clamó, Dios le respondió (versículo 4).

Su gratitud se amplía a todos los reyes de la tierra, que alabarán al Señor al escuchar sus palabras (versículos 5 y 6). El versículo 7 subraya que el Señor, siendo excelso, mira al humilde y conoce de lejos al soberbio. Termina con la confianza de que, aun caminando entre peligros, la diestra de Dios lo salvará y no abandonará la obra de sus manos (versículos 8 y 9).

Este capítulo en la misa

Pasajes de este capítulo se proclaman en 9 celebraciones del año litúrgico: