Salmos 109

1 Salmo de David.

2 El Señor dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, mientras yo pongo a tus enemigos por tarima de tus pies.

3 De Sión hará salir el Señor el cetro de tu poder: domina tú en medio de tus enemigos.

4 Contigo está el principado en el día de tu poderío, en medio de los resplandores de la santidad: de mis entrañas te engendraré, antes de existir el lucero de la mañana.

5 Juró el Señor, y no se arrepentirá, y dijo: Tú eres sacerdote sempiterno, según el orden de Melquisedec.

6 El Señor está a tu diestra: en el día de su ira destrozó a los reyes.

7 Ejercerá su juicio en medio de las naciones; consumará su ruina, y estrellará contra el suelo las orgullosas testas de muchísimos.

8 Beberá del torrente durante el camino: por eso levantará su cabeza.

De qué trata este capítulo

Es el salmo más citado en el Nuevo Testamento (110 en la numeración hebrea), conocido en latín como Dixit Dominus. Comienza con un oráculo: el Señor dice a «mi Señor» que se siente a su derecha mientras pone a sus enemigos por estrado de sus pies (versículo 2). Jesús usa este versículo en Mateo 22 para preguntar cómo puede el Mesías ser a la vez hijo y Señor de David, y los apóstoles lo aplican a su resurrección y ascensión.

El versículo 5 contiene un juramento irrevocable: «tú eres sacerdote para siempre» según el orden de Melquisedec, base de la reflexión de la carta a los Hebreos sobre el sacerdocio de Cristo. La Iglesia lo reza en las Vísperas de todos los domingos.

Este capítulo en la misa

Un pasaje de este capítulo se proclama en 1 celebración del año litúrgico: