Salmos 106
1 Aleluya (Jdt. 13, 21).
2 Alabad al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
3 Háganlo aquellos que fueron redimidos por el Señor, a los cuales rescató del poder del enemigo, y que ha recogido de las regiones
4 del oriente y del poniente, del norte y de la parte del mar, o mediodía,
5 Anduvieron errantes por la soledad, por lugares áridos, sin hallar camino para llegar a alguna ciudad donde albergarse.
6 Hambrientos y sedientos, iba desfalleciendo ya su espíritu.
7 Clamaron, empero, al Señor en su tribulación, y sacólos de sus angustias.
8 Y encaminólos por la vía recta, para que llegasen a la ciudad en que debían habitar.
9 Glorifiquen al Señor por sus misericordias, y por sus maravillas a favor de los hijos de los hombres
10 Porque sació el alma sedienta: colmó de bienes al alma hambrienta.
11 Libró a los que yacían entre tinieblas y sombras de muerte, aherrojados en la aflicción
12 y entre cadenas.
13 Mas porque contradijeron las palabras de Dios y despreciaron los designios del Altísimo,
14 fue abatido su corazón con los trabajos: quedaron sin fuerzas y no hubo quien les socorriese.
15 Pero clamaron al Señor viéndose atribulados y librólos de sus angustias.
16 Y sacólos de las tinieblas y sombras de la muerte; y rompió sus cadenas.
17 Glorifiquen al Señor por sus misericordias, y por sus maravillas a favor de los hijos de los hombres.
18 Porque quebrantó las puertas de bronce, e hizo pedazos los cerrojos de hierro,
19 Recogiólos del camino de su iniquidad; pues por sus maldades habían sido abismados.
20 Llegó su alma a aborrecer todo alimento, y llegaron hasta las puertas de la muerte.
21 Pero clamaron al Señor al verse atribulados, y librólos de sus angustias.
22 Envió su palabra y los sanó, y los salvó de su perdición.
23 Glorifiquen al Señor por sus misericordias, y por sus maravillas a favor de los hijos de los hombres.
24 Y ofrézcanle éstos sacrificios de alabanza, y celebren con júbilo sus obras.
25 Los que surcan el mar en naves, y están maniobrando en medio de tantas aguas,
26 ésos han visto las obras del Señor, y sus maravillas en el profundo del mar.
27 Dijo, y sopló el viento tempestuoso, y encrespáronse las olas:
28 suben hasta los cielos, y bajan hasta los abismos. En medio de estas angustias desfallecía el alma de ellos.
29 Llenos de turbación vacilaban como beodos, y se desvaneció toda su sabiduría.
30 Pero clamaron al Señor en la tribulación, y los sacó de sus apuros.
31 Cambió el huracán en viento suave, y calmaron las olas del mar.
32 Regocijáronse ellos viendo el mar sosegado, y el Señor los condujo al puerto deseado.
33 Glorifiquen al Señor por sus misericordias, y por sus maravillas a favor de los hijos de los hombres.
34 Y ensalcen su gloria en la congregación del pueblo, y alábenle en el consistorio de los ancianos.
35 El Señor convirtió los ríos en páramos, y en sequedades los manantiales de agua:
36 la tierra fructífera en salobreña, por causa de la malicia de sus habitantes.
37 Convirtió el desierto en un país de estanques de agua, y la tierra seca en manantiales.
38 Y estableció en ella a los hambrientos: y fundaron ciudades para su habitación.
39 Sembraron los campos, y plantaron viñas, que produjeron abundantes frutos.
40 Y bendíjolos el Señor, y multiplicáronse sobremanera: y acrecentó sus ganados.
41 Y vinieron a menos, y fueron oprimidos con trabajos y dolores.
42 Cayó el vilipendio sobre los príncipes: e hízolos andar errantes por lugares desiertos, donde no había senda ninguna.
43 Y libró al pobre de la miseria, y multiplicó las familias como rebaños de ovejas.
44 Verán estas cosas los justos y se llenarán de gozo: y toda iniquidad cerrará su boca.
45 ¿Quién es sabio para conservar estas cosas, y comprender las misericordias del Señor?